La restauración de humedales
Roberto Lindig-Cisneros1 y Joy B. Zedler2
1Laboratorio de Ecología de Restauración, Facultad
de Biología, UMSNH, Morelia, Michoacán. Apartado
Postal 18, Admón 3, Santa María 58091, Morelia,
Michoacaán, México lindig@zeus.umich.mx 2University
of Wisconsin, Botany Department and Arboretum, 430 Lincoln Drive,
Madison, WI 53706 jbzedler@wisc.edu
Características
de los humedales
Los
humedales presentan condiciones de saturación del suelo
que van de estacionales a permanentes. Dicha saturación
causa anoxia en el suelo lo que altera sus características
químicas y biológicas y da como resultado que tanto
su biota como la dinámica de muchos de sus procesos y su
papel en la dinámica de los ecosistemas sea especial.
Existen diferentes definiciones de los humedales y distintas clasificaciones
para distinguirlas dependiendo de la fuente de agua que los alimenta,
de su posición en el paisaje y de otros factores. Por la
presencia de un período seco se reconocen dos tipos de
humedales: estacionales y permanentes. Los primeros se encuentran
generalmente en depresiones del paisaje con suelos con drenaje
pobre lo que produce acumulación de agua durante la época
de lluvias. En ellos la dinámica a que da lugar la alternancia
de períodos secos y húmedos produce la liberación
de nutrientes lo que los convierte en ecosistemas muy productivos
(Horn y Goldman, 1994; Maul y Cooper, 2000).
También ocupan diferentes posiciones dentro de las cuencas
hidrográficas. Algunos humedales se encuentran en las partes
bajas, como los asociados a lagos o las marismas que se localizan
en estuarios. En otros casos podemos hallarlos en las partes altas
de las cuencas, asociados a ríos o aisladas, sin una conexión
aparente con ríos, lagos o lagunas. Sin embargo, esta apariencia
de aislamiento puede ser engañosa, pues la mayoría
de los humedales se encuentran relacionados con los cuerpos de
agua a través del flujo sub-superficial de agua y los mantos
freáticos. En muchos casos los humedales son comunidades
transicionales entre los sistemas terrestres y los sistemas acuáticos.
Las plantas que habitan en los humedales han desarrollado una
serie de adaptaciones que les permiten tolerar las condiciones
especiales de este hábitat, en particular las bajas concentraciones
de oxígeno en el suelo y en el caso de los estuarios la
tolerancia a las altas concentraciones de sal. Entre las plantas
de los humedales destacan aquéllas que emergen sobre la
superficie del agua y que son el elemento dominante en muchos
de ellos, como los tules (Typha spp.) o diferentes especies de
árboles. El exceso de agua es una limitante porque reduce
la disponibilidad de oxígeno para las raíces, debido
a que la difusión del oxígeno en el agua es alrededor
de 10,000 veces más lenta en el agua que en el aire y porque
existen muchos compuestos químicos en el agua que al oxidarse
consumen su oxígeno (Whitlow y Harris, 1979). Una de las
adaptaciones a las condiciones de anegación es el aerénquima,
tejido esponjoso que permite el intercambio gaseoso entre las
partes aéreas de las plantas y las raíces. Una adaptación
notable a las condiciones de anaerobiosis de los suelos de los
humedales lo encontramos en los manglares, que presentan raíces
aéreas.
Estos ambientes proporcionan servicios ecosistémicos de
gran importancia (cuadro 1), entre los que destaca la capacidad
de retener nutrientes y pequeñas cantidades de sedimento,
lo que protege a los cuerpos y fuentes de agua. Esta capacidad
de los humedales es resultado de las condiciones que se dan en
el suelo anegado. Los suelos de los humedales pueden ser originariamente
de naturaleza predominantemente mineral u orgánica, aunque
con el tiempo las condiciones de anegación y anaerobiosis
ocasionan que la materia orgánica se acumule. Por lo anterior
estos suelos poseen una serie de características químicas
especiales, entre las que destacan una alta eficiencia para atrapar
muchos compuestos químicos, en particular metales pesados
y fosfatos. Otra característica importante desde el punto
de vista químico, es que presentan muchos estados de oxidación
lo que favorece la transformación química de muchos
compuestos. Las poblaciones microbianas tienen una gran influencia
en la química de dichos suelos, siendo de particular importancia
las transformaciones de los compuestos de nitrógeno que,
como consecuencia de la actividad microbiana bajo condiciones
anóxicas, dan como resultado la desnitrificación,
es decir, la transformación de nitrato en nitrógeno
molecular que es liberado a la atmósfera. Estas propiedades
químicas y biológicas del suelo de los humedales
actúan como “filtros”, reduciendo las concentraciones
de nutrientes y otros compuestos químicos que son arrastrados
de las partes altas de las cuencas, purificando el agua y, en
muchos casos, protegiendo a los cuerpos de agua asociados de la
eutrofización. Estas propiedades purificadoras se utilizan
para el tratamiento de aguas residuales cuando se construyen humedales
para este fin (Kadlec y Knight, 1996; Cronk, 1996; Hey, 2002).
Cuadro
1. Principales funciones y servicios que brindan los
humedales
|
Función
|
Servicio
|
| Regulación
del régimen hidrológico |
Control
de inundaciones
Recarga de acuíferos
Protección
de la línea costera |
| Retención
de sedimento |
Mejoramiento
de la calidad del agua |
Procesos
relacionados con la química de
los suelos hídricos:
Adsorción
de fósforo y metales pesados
Desnitrificación
Reducción de sulfatos |
|
| Hábitat
de animales y plantas |
Producción
de madera
Conservación y recreación
Pesquerías
y otros productos derivados de
la explotación de especies silvestres. |
Fuente: modificado de Cronk y Fennessy, 2001.
A pesar de la importancia ambiental de los humedales, históricamente
han sido de las comunidades naturales más dañadas
por las actividades humanas, masivamente drenados para crear terrenos
agrícolas, zonas urbanas o como medida para reducir poblaciones
de mosquitos. En muchos casos sufren los daños son indirectos
como consecuencia de las actividades agrícolas, la explotación
forestal u otros cambios de suelo en las partes altas de las cuencas.
La agricultura, produce efectos nocivos al incrementar la escorrentía
al dañar la estructura del suelo y reduce la infiltración
de agua, lo que da lugar a mayores tasas de erosión con
lo que incrementa la acumulación de sedimentos en los humedales.
Otro impacto de gran importancia consecuencia de estas actividades
es el aumento en el flujo de nutrientes y otros contaminantes
hacia dichos ecosistemas.
Por su parte, la explotación forestal altera los regímenes
hidrológicos al aumentar la escorrentía y disminuir
el flujo subsuperficial de agua y al exponer comunidades rivereñas
a condiciones extremas de insolación, altera las condiciones
físicas del agua lo que afecta a los humedales. En otros
casos, los humedales son sustituidos completamente, como cuando
se construye en ellas granjas para la producción de camarones
o se drenan y rellenan para crear zonas urbanas. Otro factor importante
para la degradación de estas zonas ha sido la introducción
de especies exóticas, muchas de las cuales forman manchones
monoespecíficos que desplazan a las especies nativas y
alteran la dinámica natural de las comunidades nativas
(Zedler y Kercher, 2004).
La
restauración ecológica de los humedales
En
respuesta a las pérdidas de superficie y a la importancia
de los humedales en términos ecológicos y sociales,
su restauración es una prioridad en muchos países
(Streever, 1999; SER, 2002). Como consecuencia, se han acuñado
una serie de términos para describir una serie de actividades
relacionadas con la creación de humedales que tratan de
diferenciar tanto la motivación como las metas de los diferentes
proyectos. Entre estos términos son de uso frecuente los
de restauración, rehabilitación, construcción
y mitigación. En general, cuando se habla de restauración
la meta es lograr un humedal con la misma composición de
especies y función que el original (que pueden ser, por
ejemplo, las condiciones prevalecientes antes de la colonización
europea de América) o que un humedal de referencia, y se
limita a aquellos casos en los que se trabaja en un sitio en donde
existía tal ecosistema (SER, 2002; Cronk y Fennessy, 2001).
En el caso de la rehabilitación, lo que se busca es crear
las condiciones adecuadas para que el humedal tenga funciones
específicas; en cierto sentido se le puede considerar como
una restauración parcial o incompleta. En la construcción
se busca crear humedales en sitios en donde históricamente
no los había con distintos fines dependiendo del proyecto,
los que pueden incluir desde la creación de hábitat
hasta el tratamiento de aguas residuales o lixiviados tóxicos.
La mitigación, que puede implicar evitar, minimizar o compensar
el daño a través de la restauración, la rehabilitación
o la construcción de humedales, se lleva a cabo en casi
todos los casos en respuesta a un mandato legal.
En términos prácticos, en particular cuando se plantean
las metas de un proyecto que se llevará a cabo en un humedal
natural degradado, que se logre la restauración o la recuperación
depende de su nivel de degradación. En sitios poco degradados
es posible llegar a la restauración en el sentido estricto;
en sitios con niveles medios a altos es más realista plantearse
la rehabilitación de algunos de los atributos, dependiendo
de los recursos disponibles y de los valores sociales.
Diversos factores se pueden manipular para lograr la restauración
o rehabilitación de un humedal; en términos generales,
el primer factor que se busca controlar, por su importancia, es
el régimen hidrológico. En muchos casos el daño
causado se vincula con la alteración del régimen
hidrológico, ya sea directamente o indirectamente, lo que
tiene como consecuencia que se vean afectados la composición
florística de los humedales y su calidad como hábitat
para especies animales (Álvarez-Cobelas et al., 2001).
El régimen hidrológico se altera de manera directa
cuando se construyen diques que obstruyen el flujo de agua de
y hacia los humedales, como ocurre en las zonas costeras (Portnoy,
1999). También es una alteración directa cuando
estos ecosistemas se drenan por la construcción de canales
o la instalación de tuberías perforadas para facilitar
la desecación del suelo. Se modifica el régimen
hidrológico de manera indirecta cuando se explotan acuíferos
o manantiales, cuando se altera la cobertura vegetal en las partes
altas de las cuencas, se reduce la infiltración y el flujo
subsuperficial de agua y se incrementa la escorrentía.
Cuando las alteraciones se llevaron a cabo de manera deliberada,
en algunos casos es posible revertir el daño y recuperar
el régimen hidrológico al eliminar las barreras
(NRC, 1992). Otro factor que está relacionado con el régimen
hidrológico es la calidad del agua; en muchos proyectos
de restauración controlar las concentraciones de nutrientes
en este medio es fundamental (Wilcox y Whillans, 1999), en particular,
cuando se trata de restaurar humedales como los marjales que dependen
de fuentes de agua ricas en calcio y bajas en nitrógeno
y fósforo (Cronk y fennessy, 2001). Cuando las alteraciones
hidrológicas son indirectas, en particular cuando se modifican
los mantos freáticos y la descarga de manantiales, la recuperación
del régimen hidrológico puede ser mucho más
difícil de lograr (Hunt et al., 1999). Un problema adicional
es que en general se desconocen las condiciones hidrológicas
“naturales”, lo que dificulta identificar una meta
clara para la restauración. Además, la variación
que ocurre en períodos de diez, 50, 100 (como son las inundaciones
catastróficas) o más años puede ser de gran
importancia para el funcionamiento y estructura de los humedales
(Middleton, 1999; Maul, 2000; Alvarez-Cobelas y Sanchez-Carrillo,
2001).
El aporte de sedimentos es un factor relacionado con las alteraciones
del régimen hidrológico. En muchos casos los cambios
en las partes altas de las cuencas causan un incremento considerable
en las tasas de erosión, lo que aumenta el aporte de sedimentos
en los humedales, en algunos casos la sedimentación puede
ser de tal magnitud que los humedales quedan sepultados por varios
metros de sedimento (Werner y Zedler, 2002; Callaway y Zedler,
2004). El aporte de sedimento en los humedales se puede reducir
al incorporar a la restauración del humedal la recuperación
o restauración de las partes altas de las cuencas, a través
de la creación de una cubierta vegetal. En casos severos
de deterioro de las comunidades terrestres asociadas con el humedal,
se puede recurrir a la construcción de presas de gaviones
u otras estructuras de retención del suelo. En otras situaciones
será necesario lo contrario, quitar las presas que retienen
el sedimento o la construcción de playas y dunas protectoras
de marismas deberán ser construidas (Wilcox y Willans,
1999).
Una vez que el régimen hidrológico ha sido reestablecido
en la medida de lo posible, particularmente si se desea maximizar
la riqueza de especies en el humedal restaurado, se debe de considerar
la microtopografía del sustrato (Larkin et al., en prensa).
Las plantas de los humedales, o, algunas de sus especies, son
susceptibles a las pequeñas diferencias de relieve del
sustrato. Estas diferencias pueden ser tan pequeñas como
unos cuantos centímetros (Collins et al., 1982, Titus,
1990; Vivian-Smith, 1997) o de algunos metros, como es el caso
de la distribución de las diferentes especies presentes
en las marismas que ocupan rangos altitudinales a lo largo de
los canales intermareales y las zonas planas de las marismas (Zedler
et al., 1999). Esto se debe a que una cantidad de factores varían
con la posición microtopográfica, como son el potencial
de óxido-reducción del sustrato o la temperatura
(Ehrenfeld, 1995).
Una vez que los factores relacionados con el ambiente físico
han sido considerados y corregidos hasta donde resulta posible,
la vegetación característica de los humedales se
podrá establecer en el sitio, Para lo cual existe una variedad
de métodos que van de los de diseño a los de “autodiseño”.
Este continuo va desde una selección de especies que se
busca mantener en el sitio o dejar que los sitios sean colonizados
por las especies vegetales que se logren establecer de manera
natural. Sin embargo, lo más adecuado es experimentar para
aprender cuáles especies necesitan ser plantadas y cuáles
pueden colonizar por si mismas (Lindig-Cisneros y Zedler, 2002c).
En el caso del diseño de la vegetación se busca
introducir una serie de especies seleccionadas y llevar a cabo
las medidas necesarias para asegurar su permanencia. Cuando se
utiliza este método se deben conocer con detalle las características
de las plantas (Middleton, 1999). En el segundo caso, el del autodiseño,
lo que se busca aprovechar es la capacidad de organización
natural de las comunidades vegetales Mitsch y Wilson, (1996).
Con este método, las plantas se establecen en el sitio
de manera espontánea, ya que sus propágalos (semillas,
rizomas, tallos u otras estructuras) son dispersados por el viento,
el agua o los animales y su supervivencia depende de las condiciones
del sitio. El autodiseño tiene sentido en humedales que
se ven sometidos naturalmente a regímenes de perturbación
severos, como los asociados a muchos ríos. Cuando se busca
la restauración de este tipo de ecosistemas es viable dejar
que la vegetación se propague sola dado que las especies
vegetales de estos ambientes están adaptadas a colonizar
sitios muy perturbados. Sin embargo, aun en estos sitios plantar
algunas especies nativas puede limitar el establecimiento de especies
exóticas (Zedler y Kercher, 2004); de hecho se ha encontrado
que la introducción inicial de ensambles de especies nativas,
independientemente de la identidad de las especies utilizadas,
puede reducir el establecimiento de especies invasoras (Lindig-Cisneros
y Zedler, 2002a), y mientras mayor sea la riqueza de especies
más fuerte será la exclusión de las especies
invasoras (Lindig-Cisneros y Zedler, 2002b)
El diseño de la comunidad vegetal de un humedal permite,
si se cuenta con las técnicas de manejo adecuadas, mantener
una riqueza de especies particular y conservar las que presentan
un interés particular (por estar amenazadas, por crear
hábitat para la fauna, etc.). En el caso de que se permita
que las plantas se establezcan de manera espontánea en
el humedal bajo rehabilitación o restauración, es
posible que se obtengan comunidades ricas en especies (Cronk y
Fennessy, 2001), aunque se ha encontrado que la variedad de especies
de humedal de este tipo está relacionado con la cantidad
inicial de especies introducidas, de hecho, es posible que cuando
esto no suceda el humedal sea dominado por una o pocas especies
muy competitivas (Reinartz y Warne, 1993). Sin embargo, la posición
en el paisaje del humedal puede causar grandes diferencias en
la riqueza de especies y en su identidad. Un problema potencial
de los métodos de autodiseño es la dominancia de
pocas especies, lo que se agrava cuando estas especies son invasoras,
nativas o no, desplazan a las especies nativas y crean en muchos
casos humedales monotípicos con poco valor en términos
de biodiversidad. Los humedales asociados a ríos son más
susceptibles de ser colonizados por un mayor número de
especies que los que se encuentren aislados, como podría
ser uno asociado a un manantial o los humedales estacionales en
depresiones topográficas (Middleton, 1999). El efecto de
la distancia a humedales naturales y su composición florística
es de gran importancia para determinar la composición de
humedales restaurados (Lindig-Cisneros y Zedler, 2002b).
Las semillas de las plantas que se desean introducir en un humedal
bajo restauración pueden proceder de diversas fuentes:
arribar de manera espontánea, ser colectadas de plantas
en humedales naturales o restaurados, o, proceder del banco de
semillas del suelo de humedales. En este último caso, de
acuerdo con Cronk y Fennessy, (2001) hay una serie de factores
que se deben considerar;
a)
En los humedales forestales las especies arbóreas no
se encuentran por lo general representadas en el banco de semillas,
particularmente en manglares en donde la mayoría de las
especies son vivíparas, es decir, que la semilla germina
antes de desprenderse del árbol madre (Hogart, 1999).
b)
Se deben de hacer pruebas de germinación para determinar
la cantidad e identidad de las semillas presentes en el banco
de semillas para determinar si son una fuente adecuada para
los objetivos de la restauración.
c) Es posible utilizar bancos de semillas que sean relictos
de humedales degradados, pero se debe considerar que las semillas
de muchas especies pierden viabilidad con el paso del tiempo,
lo que puede tener como consecuencia que la vegetación
del humedal restaurado sea pobre en especies.
Es
importante destacar que en muchas ocasiones el objetivo de los
proyectos de restauración es crear hábitat para
especies animales, en cuyo caso la selección de la flora
dependerá de las necesidades de hábitat de los animales
que se desean introducir o atraer hacia el nuevo hábitat.
Otro factor importante que debe mencionarse es la restauración
de las comunidades microbianas del suelo. Aunque se sabe que diversas
especies de micorrizas se encuentran presentes en humedales, sus
funciones no son aún entendidas, y por ello no se considera
su introducción de manera tan frecuente como en la restauración
de ecosistemas terrestres. Sin embargo, tiene sentido que “sembrar”
los sitios muy perturbados con muestras de suelo de humedales
naturales, para permitir que una diversidad de microbios se encuentren
presentes en el nuevo sitio.
Un elemento fundamental en cualquier proyecto de restauración
es el seguimiento del proceso de restauración y de sus
resultados, el cual se puede llevar a cabo de dos maneras: por
medio de una evaluación, que es la medición de atributos
específicos del ecosistema en una sola ocasión,
o a través del monitoreo, que es la repetición sistemática
de la evaluación en el tiempo (Callaway et al., 2001).
Esta última herramienta permite a los responsables del
proyecto percatarse de cómo se aproxima la restauración
a las metas establecidas, y en su caso, tomar las medidas correctivas
necesarias. Además, dentro del contexto del manejo adaptable,
que consiste en incorporar los resultados de la investigación
científica al manejo, permite reducir costos y el tiempo
de los proyectos de restauración. Existen múltiples
parámetros que se pueden evaluar en un proyecto de este
tipo, algunos de ellos relacionados con las características
físicas y otros con las biológicas. Callaway et
al., (2001) describen una serie de variables útiles para
el monitoreo de marismas muchos de los cuales son aplicables a
otros tipos de humedales (cuadro 2). Debido al gran número
de aspectos susceptibles de ser medidos, es de gran importancia
elegir aquéllos que sean relevantes para juzgar si se el
proyecto está en camino de cumplir o ya cumple con los
objetivos y metas que se plantearon originalmente. Por lo tanto,
es de gran importancia elegir las variables que nos aporten la
mayor información posible sobre los atributos que mejor
reflejen las metas seleccionadas. En algunos proyectos el monitoreo
de la calidad del agua podría ser suficiente si lo que
se busca es que el humedal retenga nutrientes y proteja un cuerpo
de agua. Si este es el caso, no es de interés la identidad
de las plantas que se establezcan, siempre y cuando se cumpla
con la meta establecida en términos de la remoción
de nutrientes. En otros casos, el monitoreo del desarrollo de
la vegetación, tanto en términos de la cobertura
como de la composición de especies, nos permitiría
evaluar un proyecto cuyo objetivo es incrementar el valor del
sitio en términos de diversidad. Finalmente, es posible
que nuestro interés radique en que el humedal restaurado
proporcione hábitat para especies animales, en cuyo caso
se pueden evaluar los atributos relevantes de la vegetación
para las especies animales de interés (Lindig-Cisneros
y Zedler, 2003).
Cuadro
2. Atributos susceptibles de ser monitoreados en un proyecto
de restauración de humedales de acuerdo con Callaway et
al., (2001).
|
Atributos
|
Variables
|
| Hidrología
y topografía |
Régimen
de inundación
Nivel
del manto freático
Flujo
de agua a través del humedal
Desarrollo de canales
Cambios
en el nivel del humedales
Sedimentación |
| Calidad
de agua |
Temperatura
y oxígeno disuelto
Salinidad
y pH
Atenuación de la luz y turbidez
Estratificación
de la columna de agua
Concentraciones
de nutrientes |
| Suelos:
calidad del sustrato y dinámica de nutrientes |
Contenido
de agua (humedad del suelo)
Densidad
Textura
Salinidad y pH
Potencial
de óxido-reducción
Contenido de materia orgánica y de carbono orgánico
Nitrógeno y fósforo
Tasas
de descomposición |
| Vegetación |
Cobertura
de la vegetación por especie
Arquitectura de la vegetación
Abundancia
de especies particulares (especies raras, amenazadas o invasoras)
Biomasa y productividad |
| Fauna |
Identidad
de las especies
Abundancias, riqueza de especies y diversidad
Estructuras poblacionales
Tiempos
de residencia (para animales que se desplazan es el tiempo
que ocupa un hábitat) |
Un
ejemplo práctico: restauración de marismas en el
estuario del río Tijuana, California
El
estuario del río Tijuana se localiza en la frontera de
los Estados Unidos de América y México, entre las
ciudades de Imperial Beach en California y Tijuana en Baja California
(32º34´N, 117º7´W). La mayor parte del estuario
es propiedad pública (Ciudad de San Diego, Condado de San
Diego, U.S. Fish and Wildlife Service, California Department of
Parks and Recreation, U.S. Navy) y un área pequeña
es propiedad privada. La mayor parte de la cuenca de este río,
aproximadamente tres cuartas partes, se encuentra en México
y el resto en los Estados Unidos, lo que crea una serie de circunstancias
complejas desde el punto de vista social. De los 4,400 km2 de
la cuenca la mayoría se encuentran cubiertos por vegetación
natural o agricultura, sin embargo, el área circundante
del estuario es urbana a ambos lados de la frontera y ha aumentado
de 105 km2 en la década de 1970 a 308 km2 en 1994 (Ojeda,
2001). Debido a la alta densidad poblacional, a los suelos inestables
y a la agricultura, el estuario del río Tijuana es y ha
sido afectado por una serie de problemas que incluyen el aporte
de aguas negras, contaminantes derivados de la actividad agrícola
y sedimentación. Las aguas negras han ocasionado cambios
en la composición de las comunidades del estuario, particularmente
durante el período 1987 - 1988 cuando se presentó
un aporte particularmente alto de aguas negras y, en consecuencia,
las comunidades de peces y bivalvos sufrieron cambios importantes
(Nordby y Zedler, 1991). La sedimentación ha sido severa
en el estuario con aportes catastróficos de varios centímetros
de sedimento en períodos muy cortos en algunas partes del
estuario (Weis et al., 2001, Callaway y Zedler, 2004). Weis et
al., 2001 midieron tasas de acumulación de 0.71 a 0.94
cm/año en la planicie de la marisma y basados en mediciones
de 137Cs, estimaron tasas de acumulación de 1.06 a 1.23
cm/año para el hábitat de Spartina foliosa.
La restauración de los humedales del estuario de río
Tijuana es una prioridad porque es el hábitat de un gran
número de especies tanto animales como vegetales incluyendo
varias raras o amenazadas. Además, debido a que es sometido
a un programa de monitoreo de largo plazo por el Pacific Estuarine
Research Laboratory (PERL) iniciado en 1986, se cuenta con información
de las respuestas del sistema a varios cambios (sedimentación
y aportes de agua dulce crecientes, efecto de aguas negras, cambios
climáticos, tormentas e incremento en el nivel del mar,
etc.).
El plan de restauración del estuario contempla una serie
de etapas, en un esquema de manejo adaptable, a través
de las cuales se irá aumentado el área restaurada
y en donde se fomenta el análisis científico debido
a que el estuario es una reserva de investigación. El primer
paso fue la construcción de un canal en la parte norte
para incrementar el área de humedales intermareales, al
conectar una laguna de oxidación de aguas negras en desuso
con el sistema natural de canales intermareales. Este proyecto
proporcionó hábitat para peces e invertebrados,
y condiciones para el establecimiento de diversas especies vegetales.
Con el financiamiento de la National Science Foundation de los
Estados Unidos de América, se llevó a cabo un proyecto
de investigación a lo largo de una de las orillas del canal
construido cubriendo una superficie de 0.7 ha (figura 1), lo que
permitió probar cuántas especies se necesitan para
reestablecer la vegetación en una planicie intermareal
recién escavada. Los resultados indican que utilizar sedimento
fino y aditivos del suelo que incorporen materia orgánica
acelera el desarrollo de la vegetación. También,
se logró determinar que plantaciones ricas en especies
incrementaron la acumulación de biomasa y la retención
de nitrógeno, además de que formaron una estructura
más compleja que la dominada por una sola especie (Keer
y Zedler, 20002; Callaway et al., 2003). También se demostró
que la mayoría de las especies características de
este tipo de comunidad se deben de plantar en sitios de restauración
para que se encuentren presentes al mediano plazo, es decir, que
no son capaces de establecerse por si mismas en las condiciones
características de los sitios de restauración (Lindig-Cisneros
y Zedler, 2002c).
Para la planicie de las marismas dominadas por Spartina foliosa,
se demostró que las especies invasoras no representan una
amenaza porque la salinidad es muy alta. Las especies exóticas
invasoras se encuentran en las partes altas de la marisma en donde
la lluvia, entre períodos de marea alta, puede facilitar
el establecimiento por semillas, pero no en la planicie en donde
la inundación intermareal es frecuente. Este conocimiento
adquirido a través de hacer de la investigación
parte de la restauración fue incorporado a la siguiente
etapa del proyecto, la creación del primer módulo
de ocho ha que con el tiempo incluirá nuevos módulos
de tamaño creciente hasta restaurar 200 ha de marismas
en el estuario. Este primer módulo, llamado Friendship
Marsh (figura 2) fue diseñado para poner a prueba el papel
de los canales intermareales en la estructura y función
del ecosistema. Fue escavado en un área del estuario en
donde el sedimento se acumuló en la zona transicional,
entre la marisma y las partes altas del estuario. Está
dividido en seis secciones, tres de las cuales contienen una planicie
de marisma, un canal principal y una red de canales intermareales,
y las otras tres sin la red de canales pero reciben una lámina
de agua procedente del canal principal. La excavación se
terminó en enero del 2000 y se permitió el flujo
de las mareas el 14 de febrero del mismo año. Spartina
foliosa fue plantada en las elevaciones menores y especies de
halófitas nativas que no reclutan de manera abundante,
fueron plantadas en las partes altas. Los resultados de un experimento
inicial en este módulo (Zedler et al., 2003), indican que
el establecimiento de la vegetación es sensible al contexto
del sitio, que a su vez afecta a las condiciones ambientales.
Casi todas las plántulas colocadas en la planicie de la
marisma murieron como consecuencia de alta sedimentación
y condiciones de hipersalinidad. Una plantación posterior
de cinco especies presentó una mayor supervivencia, pero
el establecimiento y expansión fue mucho más lento
de lo esperado (O’Brien y Zedler, en revisión). Debido
a que el proyecto de restauración se estableció
como un experimento para probar el efecto de los canales intermareales
y de aditivos del suelo, fue posible atribuir el incremento en
supervivencia a la composta de kelp y a las plantaciones densas
y sólo se detectaron respuestas de menor intensidad de
para algunas especies, en los canales intermareales. (O’Brien
y Zedler, en revisión). Como predijeron Lindig-Cisneros
y Zedler para este tipo de marismas (2002c), no fue necesario
plantar individuos de Salicornia virginica. Esta especie oportunista,
que coloniza a través de semillas, fue transportada por
las mareas (Morzaria-Luna y Zedler, en rev.). No hay evidencias
de que ninguna de las otras siete especies características
de esta comunidad vegetal se puedan establecer en el módulo
sin ser plantadas. Salicornia bigelovii, una especie anual, se
volvió común una vez que las condiciones ambientales
fueron adecuadas para su establecimiento a través de semillas,
como predijeron Lindig-Cisneros y Zedler (2002c).
Figura
1. Experimento de restauración en una de las orillas
del canal construido para permitir el flujo intermareal en la
parte norte del estuario. Nótense los cuadros de los tratamientos
en el primer plano. Fotografía del autor.

Figura
2. Canales intermareales excavados en el primer módulo
de restauración de 8 ha conocido como Friendship Marsh.
Fotografía del autor.

No
fue sino hasta el cuarto año después de terminada
la adecuación del módulo (2004), que las plantas
de la marisma comenzaron a crear una comunidad más parecida
a la de una marisma que a la de una planicie salada, debido sobre
todo a la colonización abundante de Salicornia virginica
y Salicornia bigelovii y en mucha menor cantidad de Suaeda esteroa,
tres especies que son buenas colonizadoras cuando hay disponibilidad
de semillas. Otras especies de halófitas nativas sólo
se encuentran en los sitios en donde fueron plantadas. Batis maritima
se ha expandido vegetativamente más que otras, con algunos
clones que cubrían un área de más de un metro
cuadrado en el verano de 2004. Durante ese mismo año, personal
del area natural protegida registró el primer avistamiento
en la marisma restaurada del ave Rallus longirostris. A diferencia
de otros proyectos de restauración de marismas en el sur
de California, Spartina foliosa crece de manera vigorosa lo que
crea condiciones potencialmente favorables para la anidación
de esta especie. Si esto es cierto, en este sitio se habrá
logrado un objetivo de gran importancia, aun si la vegetación
de la planicie está dominada por Salicornia bigelovii y
Salicornia virginica, y en consecuencia no es tan rica en especies
como se deseaba.
Estudios adicionales en proceso intentan documentar los cambios
en la geomorfología de la marisma como consecuencia de
la sedimentación, de la erosión y para poner a prueba
qué tan efectivos son los canales intermareales y las pozas
intermareales para permitir el crecimiento de algas, invertebrados
y, por lo tanto, crear un hábitat de alimentación
para peces. La restauración de los humedales en el estuario
del río Tijuana es un proceso continuo en donde el conocimiento
adquirido se aplica para la planeación e implementación
de etapas subsecuentes. Una de las lecciones más caras
de este proyecto de restauración es que el flujo futuro
de sedimentos de las partes altas de la cuenca (Goat Canyon),
en la frontera entre los Estados Unidos y México, requiere
de control, porque cada inundación aporta cantidades adicionales
de sedimento a los canales que fluyen hacia el sitio. La State
Coastal Conservancy del estado de California construyó
una serie de represas de control de inundaciones y retención
de sedimento con un costo de ocho millones de dólares;
desafortunadamente las represas se llenaron con sedimento durante
la época de lluvias de 2004. Esto demuestra que, como en
muchos proyectos de restauración de humedales, se deben
corregir los regímenes hidrológicos en las partes
altas de la cuenca, en muchos casos a distancias considerables
del sitio de restauración a lo que, en este caso, deben
sumárseles los problemas asociados a la frontera internacional.
Los módulos subsecuentes en el estuario del río
Tijuana deben contemplar la extracción de más sedimento
debido a que su acumulación es la forma más común
de degradación para este estuario. El costo es una limitante
importante debido a que el material extraído no puede ser
depositado en la playa, a menos que sea arena gruesa, por o que
la arcilla y el limo deben ser sacados del estuario con camiones.
Para determinar en qué partes de las 250 ha designadas
como área de restauración se han acumulado sedimentos
arenosos, se toman muestras para determinar la distribución
de los tamaños de partículas en los suelos. La localización
exacta del siguiente módulo de restauración será
determinada probablemente por el tamaño de dichas partículas
y se les dará prioridad a los sitios con arena. Con la
capacidad de convertir en fluidos a los sedimentos extraídos
y bombearlos a la playa se podría restaurar, a un costo
relativamente bajo un sitio de área considerable.
Aun cuando se cuente con un sitio adecuado de ocho a 24 ha, persiste
la preocupación de los gastos de restaurar un sistema complejo
que incluye desde el ecosistema terrestre hasta la planicie de
la marisma. No solamente es caro plantar la vegetación
característica de la marisma, también lo es reconstruir
éstas últimas zonas topográficamente complejas,
de forma que imite a los sistemas naturales.
Los resultados preliminares del módulo más reciente
sugieren que es benéfico para los organismos de la marisma
incluir canales intermareales en la planicie de la marisma. Esto
requiere de recursos y tiempo adicionales, por lo que se lleva
a cabo investigación para encontrar alternativas en este
sentido.
Una idea que fue presentada a los administradores del estuario
por Joy Zedler en 2003 es sobreexcavar el sitio dejando solamente
“islas” de tamaño pequeño. El razonamiento
es que los canales se formarán solos en situaciones submareales
cuando la vegetación no se establezca para estabilizar
el sustrato. Además, pequeñas islas dentro del rango
intermareal resultarán menos propensas a formar costras
salinas que las grandes secciones de suelo expuesto (como ocurrió
en 2000 y 2001), y porciones pequeñas pueden ser plantadas
densamente para crear sombra, lo que permitirá reducir
aun más la acumulación de sal. Varias áreas
de tamaño reducido son más fáciles y baratas
de plantar y es más probable que se forme una cubierta
densa de vegetación bajo estas circunstancias, como los
sugieren pruebas de densidad de manchones de vegetación
(O’Brien, 2003). Debido a que las plantas nativas de la
marisma se propagan vegetativamente, un parche denso de vegetación
será consecuencia del crecimiento de las plantas en los
bordes de las islas, acumulando sedimento y creando con el tiempo
nuevas áreas de marisma. Como consecuencia de este proceso,
el sitio de restauración podría desarrollar una
fisiografía similar a la natural, con canales intermareales
y planicies a un costo menor a los 3.1 millones de dólares
invertidos en el módulo de ocho hectáreas.
Las ideas antes descritas no han sido probadas, y por lo tanto
sería mejor que el siguiente módulo se diseñe
como un experimento, para comparar áreas con y sin excavación
excesiva o islas de diferentes tamaños o plantaciones con
y sin protección contra el viento. Es necesario utilizar
la metodología de la restauración adaptable cuando
se desconoce la metodología apropiada.
Las marismas de California no son muy eficientes para mejorar
la calidad de agua o para control de inundaciones. El diseño
de esta restauración como un experimento para poner a prueba
el efecto de los canales intermareales en la estructura de la
comunidad y el funcionamiento ecosistémico lo ha hecho
particularmente útil desde el punto de vista científico
y la ciencia ha permitido mejorar las recomendaciones para planear
futuros proyectos de restauración.
Conclusiones
La
restauración de humedales permite la recuperación
de estas comunidades para diversos fines, conservación
de la diversidad, creación de hábitat, mejoramiento
de la calidad de agua, protección de zonas costeras e incluso
proyectos productivos. Para algunos de estos fines el restablecimiento
de las condiciones físicas del sitio, en particular el
régimen hidrológico, puede ser suficiente para permitir
que se establezca la vegetación hidrófila, en otros
casos se requiere de modificar un mayor número de parámetros
incluyendo la topografía, las características del
sustrato e incluso la introducción de especies. Es en estas
circunstancias en las que utilizar sistemas de referencia bien
conservados y aplicar los principios del manejo adaptable se vuelve
necesario para lograr las metas y reducir los costos de los proyectos
de restauración.
Agradecimientos
Deseamos
agradecer a la National Science Foundation de los Estados Unidos
de América su apoyo para llevar a cabo investigación
en el estuario del río Tijuana (DEB 96-19875 a J. Zedler,
J. Callaway y G. Sullivan; NSF 0212005 a J. Zedler, J. Callaway
y S. Madon). Al Departamento de Botánica de la Universidad
de Wisconsin-Madison por su apoyo a R. Lindig a través
de un nombramiento honorario que permitió la investigación
bibliográfica para el presente manuscrito.
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