ILUMEX:
desarrollo y lecciones del primer proyecto mayor de ahorro de
energía en México
Odón
de Buen Rodríguez*
INTRODUCCIÓN
AHORRAR
ENERGÍA ES UNA clara forma de reducir las emisiones de
gases de efecto de invernadero, especialmente en México,
donde cerca de 75% de la energía primaria para producir
la electricidad proviene de combustibles fósiles.
A su vez, ahorrar energía es, en muchos sentidos, algo
muy simple, tanto como mover un interruptor o cambiar un foco.
Sin embargo, para que un esfuerzo nacional de ahorro de energía
tenga un impacto significativo y permanente, se requiere de millones
de acciones que se apoyen de un conjunto de elementos que, integrados,
hagan posibles grandes modificaciones en patrones de consumo.
En particular, y desde la perspectiva del autor, lo fundamental,
además de la tecnología y el financiamiento, son
las instituciones, específicamente las que diseñan,
implantan y operan los programas. Estas instituciones, a su vez,
requieren de un conjunto de elementos que permiten hacer exitosos
los programas, como lo son la información, los protocolos
y las metodologías, personal capacitado, capacidad de innovación
y, quizá elemento fundamental, directivos dispuestos a
tomar los riesgos de la innovación.
El caso del proyecto ILUMEX es un ejemplo muy claro de la perspectiva
mencionada.
De
alguna manera, de no existir un claro convencimiento de los directivos
de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el proyecto
no hubiera progresado más allá de una interesante
propuesta. Sin embargo, y como se describe en este análisis,
ILUMEX fue posible porque hubo un proceso que arranca con actividades
de corto alcance pero que sirven de base para la toma de decisiones
y el compromiso de quienes toman decisiones de gran alcance.
A continuación se hace una relatoría de estos procesos
a partir de una descripción de la tecnología aplicada
en ILUMEX, pasándose por los procesos institucionales previos
al programa, luego describiéndose los elementos de diseño
del mismo, para terminar anotándose los impactos cuantitativos
de este importante proyecto.
LAS
LÁMPARAS COMPACTAS FLUORESCENTES
El
uso masivo de la iluminación eléctrica tiene sus
inicios a finales del siglo XIX cuando Tomás Alva Edison
patenta e inicia la producción industrial de lámparas
incandescentes. Estas lámparas funcionan a partir de un
flujo de electricidad que atraviesa un conductor eléctrico
que se calienta y llega a un estado en el que produce luz. El
que esto sea posible requiere de materiales especiales en el conductor,
además de que se requieren recipientes de vidrio al vacío.
Esta tecnología ha predominado en el mundo desde entonces
y, mientras no hubo preocupaciones sobre la fuente primaria de
la energía eléctrica, no se consideraron seriamente
nuevas alternativas.
Sin embargo, las alteraciones en el mercado petrolero de hace
casi treinta años llevaron a redefinir muchas cuestiones
en el campo de la energía y a abrir oportunidades para
nuevas tecnologías de uso final. Específicamente,
y por el alto consumo de energía que representa, para la
iluminación se desarrollaron y entraron al mercado las
llamadas lámparas compactas fluorescentes (LCF). Estas
lámparas funcionan por la corriente eléctrica que
fluye a través de un gas, contenido en un tubo de vidrio
recubierto por dentro de material fluorescente, que tiene mucho
menor resistencia eléctrica que el filamento de una lámpara
incandescente y que, por lo tanto, aprovecha mucho mejor la electricidad
para convertirla en luz. Estas lámparas consumen una cuarta
parte de la energía que una incandescente, duran hasta
diez veces más y se conectan de la misma manera que los
focos. Sin embargo, por los elementos que integra, el costo de
las LCFs llega a ser hasta veinte veces más que lo que
una convencional, lo que hace que requieran, para su uso generalizado,
de algún tipo de estímulo o programa de promoción.
ANTECEDENTES
DE ILUMEX
En
México, las primeras acciones institucionales del gobierno
federal para ahorrar energía ocurren simultáneamente
a principios de la década de los ochenta en la Comisión
Federal de Electricidad y en Petróleos Mexicanos (PEMEX).
Sin embargo, sólo los trabajos de la CFE iban orientados
al usuario final de la energía. En esta perspectiva, por
cerca de diez años, y dadas las limitadas capacidades económicas
y técnicas con las que operaba el área de la CFE
responsable del ahorro de energía, los esfuerzos se concentraron
en acciones de promoción e información mediante
de seminarios a lo largo y ancho del país.
FIPATERM
En
1989 se inicia en México el primer programa de ahorro de
energía del lado de la demanda con la formalización
de un proyecto de aislamiento térmico de techos de casas
en Mexicali, Baja California. Este programa se ha orientado, desde
sus inicios, a reducir los consumos de electricidad en aire acondicionado
en esa región, que es la que mayor consumo unitario tiene
en nuestro país por sus condiciones climáticas en
el verano. El programa ha resultado en el aislamiento de más
de 60 mil viviendas y, por lo tanto, en ahorros de energía
significativos.
En la lógica del presente análisis, la contribución
de este programa fue el hecho de que, por primera vez, una empresa
eléctrica mexicana realizó acciones “del otro
lado del medidor” y se pusieron en operación mecanismos
de comercialización de sistemas de ahorro de energía
y de cobro de productos mediante la factura eléctrica,
lo cual fue muy útil, como antecedente institucional, para
la realización de ILUMEX.
Los
proyectos piloto de iluminación residencial
La
iluminación es uno de los usos finales de la electricidad
más importantes y significativos. En un hogar promedio
en México, la electricidad utilizada para hacer funcionar
focos y lámparas supera 25% del consumo total de esta forma
de energía (Masera et al. 1991). Para el Sistema Eléctrico
Nacional, la demanda que tiene la iluminación residencial
es determinante de los perfiles horarios de demanda eléctrica
y, dado que coinciden con –y, en términos prácticos
establecen— la demanda máxima coincidente, su evolución
es un factor determinante de las necesidades de inversiones del
sector. Esta circunstancia fue clave para que en la CFE se considerara
la posibilidad de llevar adelante programas de ahorro de energía
en iluminación residencial.
Los trabajos orientados a la iluminación residencial en
México se inician poco después de la puesta en operación
del programa de Mexicali, y su origen se encuentra en una reunión,
promovida por la Fundación Rockefeller, a la que concurrieron
los fabricantes de LCF en México, la CFE y un conjunto
de expertos internacionales. La reunión, que tenía
el cometido de convencer a la CFE de un programa de millones de
LCF, no logró su propósito, pero sí sembró
la inquietud sobre las posibilidades de llevar adelante proyectos
relacionados a la iluminación.
Resultado de la reunión fue la donación de varios
cientos de lámparas de los fabricantes a la CFE y el inicio
de una serie de proyectos que fueron construyendo las bases para
un proyecto de gran escala. En estos proyectos, que ocurrieron
a lo largo de dos años, se fueron demostrando, de manera
secuencial, las ventajas de la tecnología para los usuarios
y la CFE. Igualmente, se fue abriendo la participación
de las distintas áreas de la empresa eléctrica mediante
los diferentes proyectos.
De manera muy esquemática, los proyectos se pueden
ubicar en las tres categorías que se enumeran y explican
a continuación:
a.
Aceptación de los usuarios a la tecnología. Éste
fue el propósito del primer proyecto, realizado en Hermosillo,
Sonora, y en él se regalaron lámparas a los usuarios
para que las utilizaran y opinaran sobre la tecnología.
La respuesta fue positiva y dio luz verde para los siguientes
proyectos (Blanc y De Buen 1994).
b. Demostración de los beneficios a la red eléctrica.
Con dos proyectos, en los que se regalaron lámparas a hogares
en comunidades con distintos niveles sociales en Puebla y Querétaro,
y con los que se comparó, para cada localidad, lo que ocurría
con comunidades pares en las que no se conectan lámparas
ahorradoras, se estableció que, efectivamente, las LCF
reducían los picos de demanda por las noches y que, además,
no reducían de manera significativa el factor de potencia,
variable muy importante para las empresas eléctricas. Estas
demostraciones, que involucraron a las áreas responsables
de las redes de distribución de la CFE, permitieron que
éstas corroboraran los impactos positivos del uso de las
LCF y que, tácitamente, se adhirieran al proceso.
c. Prueba de mecanismos de comercialización. Con los resultados
de los proyectos previos, la Dirección General de la CFE
aprobó la asignación de fondos para la compra de
varios miles de lámparas para ser comercializadas, sin
cobro de intereses, entre usuarios de la CFE. El proyecto se llevó
a cabo en Valladolid, Yucatán. En un principio, el programa
buscó que los usuarios compraran las lámparas en
las oficinas o en tiendas de autoservicio, pero el mecanismo no
funcionó y las ventas no cumplían las expectativas.
El problema se resolvió con un sistema de ventas aprovechando
el sistema de “aboneros”, que son vendedores que van
de casa en casa promoviendo una gran variedad de productos. A
su vez, se estableció el sistema de cobro de las lámparas
de manera integral al proceso de cobro del servicio eléctrico.
Estos
proyectos, además de ser un ejemplo de evolución
cuidadosa de un programa que va de menos a más en escala
y en complejidad, fueron los que permitieron establecer las bases
técnicas e institucionales para poder llevar a cabo un
programa de mayor escala. Los proyectos involucraron, de manera
progresiva, a usuarios, a fabricantes y a diferentes áreas
de la Comisión en programas de ahorro de energía
que llevaron, al final de cuentas, a la instalación más
de cien mil lámparas ahorradoras en hogares de seis ciudades
de la República Mexicana.
EL
PROYECTO ILUMEX
Fue
precisamente cuando los proyectos arriba señalados se habían
cumplido que, hacia finales de 1991, el Banco Mundial (BM) identifica
a México como un país candidato por sus niveles
de consumo de electricidad, pero principalmente por su alta dependencia
en combustibles fósiles en la generación de electricidad,
a utilizar fondos del Global Environmental Facility (GEF), creado
recientemente para apoyar proyectos orientados a reducir emisiones
de gases de efecto invernadero. Esta iniciativa tiene eco en la
CFE y propicia que se lleven a cabo una serie de actividades,
sin precedente no sólo para la CFE sino también
para el BM, que permitan que vaya adelante el llamado Proyecto
de Uso Racional de Iluminación en México (ILUMEX).
El
proceso de diseño
Uno
de los mayores retos para la realización de ILUMEX fue
el que entonces no existían antecedentes de proyectos del
lado de la demanda financiados por la banca de desarrollo internacional,
y que la mayor parte de su experiencia estaba relacionada, principalmente
y hasta entonces, con grandes proyectos de infraestructura, de
oferta energética. Esto llevó a que se tuvieran
que diseñar nuevos protocolos de evaluación de proyectos
que integraran los aspectos particulares de un proyecto del lado
de la demanda; es decir, de un proyecto que involucra y depende,
para su éxito, de las decisiones de cientos de miles de
personas.
El primer paso en el proceso de diseño de ILUMEX fue, entonces,
la definición de sus objetivos y alcance en función
de las necesidades de México en general y de la CFE en
particular. Aquí se definió que lo que a la CFE
le interesaba, de manera especial, era que el proyecto apoyase
la reducción de la demanda en horas pico,1 que se orientase
a los usuarios con mayor nivel de subsidio y que el proyecto se
realizase en las dos ciudades más grandes en su territorio:
Guadalajara y Monterrey.
Por
su parte, el BM estimó que el número de lámparas
a ser comercializadas durante el proyecto sería cercano
a los 1.7 millones. Estas consideraciones fueron punto de partida
para el análisis de pre-viabilidad del proyecto.
Como elementos principales en el diseño del proyecto
se establecieron los siguientes:
-
Estudio de mercado. Pieza fundamental en el proceso análisis
de previabilidad del proyecto fue la encuesta preliminar a
usuarios. Esta encuesta, que se aplicó en el verano
de 1992 en Guadalajara y Monterrey, permitió conocer,
por un lado, las actitudes de los usuarios ante la tecnología
de iluminación y, por otro lado, el número de
lámparas que pudieran ser sustituidas por otras más
eficientes por casa.
Específicamente,
la encuesta estableció el promedio de lámparas
por casa (7 para Guadalajara y 11 para Monterrey), porcentajes
de “puntos de luz” donde se podrían instalar
LCFs (97% para Guadalajara y 87% para Monterrey), y el número
de horas de uso para los puntos de luz de más uso.
La encuesta confirmó, igualmente, que el estimado inicial
de una meta de 1.7 millones de lámparas a sustituir
era correcto.
También, previo al inicio del proyecto en 1995, se
llevó a cabo una investigación de la situación
del mercado de las LCF.
-
Diseño del proceso de entrega de las lámparas.
En el proceso de diseño de ILUMEX se estableció
una estrategia con tres posibles niveles de acciones en función
de la aceptación de su mercado objetivo. Los niveles
considerados se definieron en función del posible costo
para el programa y fueron (en orden de menor a mayor costo):
(a) compra en agencias de CFE, lo que requeriría que
las personas interesadas fueran a estas agencias; (b) trailer
móvil que llevase las lámparas a las colonias
donde se ubicaba el mercado objetivo, y (c) visita casa por
casa, con un mecanismo similar al establecido en la experiencia
de Valladolid.
-
Análisis costo-beneficio. Con los datos de la encuesta
se hizo un detallado análisis de sensibilidad que estableció
la rentabilidad del proyecto desde varias perspectivas (usuario,
empresa eléctrica y país), con lo cual se tomó
la decisión, por los resultados positivos desde las
tres perspectivas, de ir adelante con el proceso del proyecto
y, por lo tanto, con la asignación de recursos (Sathaye
et al., 1993). Uno de los elementos en el diseño del
programa que permitió un nivel aceptable de rentabilidad
desde las tres perspectivas señaladas, fue que las
lámparas serían adquiridas, en una compra de
gran volumen, por la CFE, lo cual permitió reducir
su costo y, por lo tanto, aumentar los beneficios del proyecto.
El
proceso de implantación
- Financiamiento. El proyecto fue financiado con tres aportaciones:
(1) US$10 millones de dólares estadounidenses por parte
de la CFE, (2) diez millones de dólares de donación
del Global Environmental Facility, y (3) tres millones de
dólares de donación por el gobierno de Noruega.
El convenio para las donaciones fue firmado entre el gobierno
de México, el Banco de Obras y Servicios Públicos
(Banobras) y el Banco Mundial, éste último como
fiduciario del GEF y administrador de la donación del
GEF (Reyes 1999).
- Integración
de los equipos administrativos. Para llevar adelante el proyecto
se estableció una organización de tres niveles
con distintas responsabilidades (Reyes 1999).
a. Comité central. Tuvo la función de determinar
y supervisar las políticas y estrategias para el proyecto
y estuvo integrado por personal de la Subdirección
de Distribución de la CFE.
b. Unidad coordinadora del proyecto. Esta unidad tuvo la función
de coordinar y supervisar a las unidades operativas responsables
del desarrollo del proyecto, que fueron los fideicomisos.
Igualmente, integró la información requerida
por BANOBRAS, el BM y el gobierno de Noruega para la evaluación
de resultados y del proceso de ILUMEX.
c. Fideicomisos. Para la ejecución de ILUMEX se establecieron
dos fideicomisos, uno para Guadalajara y el otro para Monterrey
(Filumex Jalisco y Filumex Nuevo León).
En
estos fideicomisos, la CFE actuó como fideicomitente
y fideicomisario, mientras que la participación de
BANOBRAS fue como fiduciario. Los fideicomisos se integraron
por menos de 20 personas cada uno.
- Especificaciones técnicas de las LCF. Las lámparas
del proyecto fueron adquiridas por la CFE en tres licitaciones
públicas internacionales. Para estas licitaciones se
establecieron cuidadosamente especificaciones técnicas
muy exigentes en parámetros como eficacia, distorsión
de armónica, factor de potencia, temperatura e índice
de rendimiento de color, y vida útil para las lámparas
que sustituyeran a focos incandescentes de 60, 75 y 100 Watts
(Valera, 1999). Estas especificaciones fueron probadas y certificadas
por un laboratorio especializado en iluminación ubicado
en el Distrito Federal.
- Proceso de venta. El proceso de ventas de ILUMEX se inició
en abril de 1995 y concluyó en diciembre de 1998. Los
principales elementos en este proceso fueron los siguientes:
a.
Venta de las lámparas. Para la venta de las lámparas
se diseñaron e instalaron, principalmente en las áreas
de atención al público de las agencias de la
CFE, módulos de venta específicos del proyecto.
Asimismo, el proyecto fue promovido en todos los medios de
comunicación.
b. Condiciones de venta. Los únicos usuarios de la
CFE con derecho a compra de venta de lámparas fueron
los que estuvieran en tarifa doméstica y al corriente
de sus pagos. Se vendieron un máximo de diez lámparas
por usuario, ya sea al contado o a plazos de hasta 12 bimestres,
a pagar con el recibo del servicio eléctrico. Para
la entrega de las lámparas se requirió de la
firma de un contrato de compra-venta entre el adquiriente
y el fideicomiso.
c. Pago. Los compromisos establecidos entre el usuario de
la CFE y el fideicomiso fueron comunicados a la CFE para su
posterior cobro por ésta. En caso de existir algún
retraso o problema de pago de las LCF por parte del usuario,
la CFE no interrumpía el servicio sino que sólo
se lo comunicaba al fideicomiso para que éste llevase
adelante las acciones legales correspondientes.
La
evaluación
El
proceso del proyecto ILUMEX implicó un análisis
preciso de diversos impactos (económicos, ambientales y
de mercado) de un programa de ahorro de energía, lo cual
ocurrió por primera vez en México y en el propio
Banco Mundial (De Buen y Masera, 1994). Para esto fue necesario
recabar y analizar información diversa:
a.
Encuestas a usuarios. Para evaluar el impacto de ILUMEX en la
transformación del mercado de lámparas y en el reconocimiento
y aceptación de las LCF por los usuarios, realizaron encuestas
entre éstos, participantes y no-participantes en el proyecto.
b. Mediciones eléctricas en casas. Para establecer el ahorro
de energía y el impacto sobre la demanda en hora pico del
proyecto, se llevaron a cabo dos campañas de medición
de tiempo de uso y de factor de coincidencia de las LCF en las
propias casas de los usuarios en 1997 y en 1998.
c. Auditoría de certificación y verificación
de impacto ambiental. Dado que el GEF y el gobierno Noruego hacen
donaciones en función de las reducciones estimadas de gases
de efecto de invernadero, la evaluación del impacto de
ILUMEX en este aspecto fue un aspecto muy importante. Para esto
se hizo una extensa auditoría que incluyó comentarios
al diseño y operación del proyecto para establecer
el grado de replicabilidad y de sustentabilidad de proyectos de
este tipo (Telnes,1999).
Igualmente,
por ser un punto clave en proyectos realizados en el marco de
los mecanismos considerados dentro del Protocolo de Kioto, se
calcularon líneas base. Esta auditoría la llevó
a cabo una empresa noruega.
Los
resultados
El
proyecto ILUMEX logró cumplir con la mayor parte de las
expectativas de quienes lo diseñaron y operaron (Vargas
1999).
- Lámparas vendidas. Por medio de ILUMEX se vendieron,
de abril de 1995 a diciembre de 1988, 2.45 millones de LCF
(1.31 millones en Guadalajara y 1.15 millones en Monterrey),
superando ampliamente las expectativas de venta definidas
en el proceso de diseño del proyecto.
- Impacto
en la red eléctrica. Se logró un ahorro de energía
eléctrica por 302 GWh y se evitó una demanda
asociada por 56 MW.
- Impacto ambiental. Se evitó la emisión de 233
miles de toneladas de CO2 en función de la mezcla de
generación de electricidad en los puntos donde se ahorró
la energía con el uso de las LCF.
CONCLUSIONES
Como
hemos expuesto, el llevar adelante proyectos que permitan reducir
la emisión de gases de efecto de invernadero requiere no
sólo de financiamiento sino también de desarrollo
institucional y de procesos técnicos complejos. Para el
caso del proyecto ILUMEX se requirió, primero, de un proceso
evolutivo al interior de la CFE, en donde se desarrollaron y apropiaron
protocolos y metodologías nuevas para atender a sus usuarios
en actividades más allá del medidor de consumo eléctrico.
Igualmente, por parte del Banco Mundial se tuvieron que desarrollar
métodos nuevos de diseño y evaluación de
proyectos. Además, el proyecto requirió del diseño
e implantación de estructuras organizacionales para la
toma de decisiones y operación del mismo.
En general, también se desarrollaron y aplicaron estrategias
de mercadotecnia, mecanismos de venta, sistemas de control y seguimiento
de venta y pago de equipos. Además, el proyecto requirió
del diseño y aplicación de encuestas, de mediciones
puntuales, de pruebas de laboratorio y de algoritmos de cuantificación
de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Además de los resultados concretos de ILUMEX, la experiencia
y los instrumentos establecidos por medio del proyecto han sido
de gran valor para proyectos posteriores en México y en
el mundo. Específicamente, los mecanismos establecidos
en ILUMEX fueron adoptados en México por el Fideicomiso
para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE), el cual
no sólo ha continuado la labor de promoción y venta
de la lámparas compactas fluorescentes, sino que también
ha diseñado e implantado, con gran éxito, programas
de incentivos para equipos de uso comercial e industrial. A su
vez, ILUMEX ha sido modelo para otros proyectos similares del
GEF en varias partes del mundo.
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Seminario Internacional ILUMEX. México: Comisión
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Notas
*
Comisión Nacional para el Ahorro de Energía.
1.
Es el momento del día en que un sistema eléctrico
tiene la mayor demanda; es decir, cuando el mayor número
de equipos está prendido y exigiendo electricidad de la
red eléctrica.