SUSTENTABILIDAD
URBANA, DESCENTRALIZACIÓN Y GESTIÓN LOCAL
ROBERTO A. SÁNCHEZ*
La
discusión de la sustentabilidad urbana en América
Latina es uno de los temas urgentes en la agenda regional.
El presente y el futuro de esta zona están intrínsicamente
asociados con el crecimiento y sustentabilidad de sus ciudades.
La acelerada concentración de la población en
zonas urbanas, junto con el papel de las ciudades como bases
de la economía regional, les confiere un rol central
en la discusión de alternativas de desarrollo.1 Las
ciudades son además un vínculo dinámico
entre las sociedades latinoamericanas y los procesos sociales,
económicos, políticos y ambientales globales.
A pesar de esta importancia, la discusión sobre el
tema en la región ha sido incompleta y se ha visto
limitada a una visión técnica de planeación
y control de problemas ambientales. Esta perpectiva del desarrollo
sustentable deja de lado la dimensión multidimensional
y multiespacial necesaria para abrir nuevos paradigmas de
crecimiento para el área y sus ciudades. La discusión
de la sustentabilidad urbana en América Latina debe
recuperar la capacidad del concepto para reorientar el crecimiento
en términos sociales y económicos más
equitativos y con un mayor equilibrio con el medio ambiente.
Este trabajo busca ser una contribución en este sentido
y para ello parte del debate sobre el desarrollo sustentable
y lo lleva al contexto de las ciudades en América Latina.
Una preocupación central de este capítulo es
trascender el abuso retórico del concepto de desarrollo
sustentable hacia un concepto operativo concreto para la compleja
realidad de las ciudades de la región. La primera parte
toca el tema del desarrollo sustentable en el contexto de
la crisis urbana. La segunda se centra en la búsqueda
de un concepto operativo que permita orientar esfuerzos para
mejorar el crecimiento de las urbes del área. Esta
sección incorpora las experiencias de descentralización
municipal y los esfuerzos para fortalecer la gestión
local y el crecimiento urbano. Las conclusiones resaltan la
necesidad de cambios en la interpretación del concepto
en favor de un mayor vínculo con la realidad urbana
de América Latina. Ello incluye considerar al desarrollo
sustentable como un proceso multidimensional y multiespacial
y no como un estado final.
CRISIS
URBANA Y SUSTENTABILIDAD
Las
crisis económica, social y política durante
las últimas dos décadas en América Latina
han tenido severas consecuencias, particularmente evidentes
en las ciudades.2 Éstas reproducen en una pequeña
porción del territorio los conflictos políticos,
los problemas económicos y las manifestaciones agudas
de desigualdad social características de la región
en su conjunto. Las calles de Caracas, Buenos Aires, Ciudad
de México y muchas otras ciudades del área son
el escenario de frecuentes manifestaciones políticas
y de dramáticas movilizaciones sociales como el “Caracazo»,
el saqueo de supermercados en Buenos Aires y Monterrey, entre
otras. La llamada década perdida de los ochenta se
ha convertido en un fenómeno permanente que ha agudizado
problemas y deficiencias urbanas acumulados durante décadas.
Mientras que la pobreza en América Latina continúa
creciendo, es cada vez más un fenómeno urbano.3
El incremento en la violencia y criminalidad en un número
importante de ciudades durante la última década
sin duda esta vinculada con la crisis social, económica
y política de la región. Esto incluye el uso
del espacio urbano por una amplia gama de grupos vinculados
al crimen, desde bandas asociadas al narcotráfico,
el secuestro y el robo organizado, hasta el crimen en pequeña
escala. Dentro de este contexto de crisis regional es importante
destacar al menos cuatro aspectos para la discusión
de la sustentabilidad urbana.
LA
RELACIÓN CIUDAD–REGIÓN
La
discusión de la sustentabilidad urbana incorpora el
tipo de interacción que se establece entre ciudad y
región y que hace posible la vida urbana. Los estudios
del metabolismo urbano destacan tanto los insumos de la región
hacia la ciudad (agua, energía, alimentos y una amplia
diversidad de materiales usados en la función urbana),
como los flujos de la ciudad hacia la región (descargas
de aguas residuales, residuos sólidos y residuos peligrosos,
contaminación del aire). El crecimiento desordenado
de las ciudades en América Latina, junto con el rápido
incremento en su demanda de recursos, ha tenido un impacto
importante en sus regiones. La sobreexplotación de
esos recursos naturales se ha agudizado en las últimas
décadas con el fin de atender su demanda en las ciudades.
El caso del agua es un buen ejemplo de la interacción
entre campo y ciudad. Un número considerable de urbes,
incluyendo varias de las grandes metrópolis, dependen
en su abasto de agua de recursos hídricos regionales
que han sido sobreexplotados (Ciudad de México, São
Paulo, Bogotá, Lima, etc.). En otros casos, el abasto
de agua de la ciudad se pone en peligro por la contaminación
de la fuente del vital líquido por la descarga de residuos
provenientes de la propia ciudad, como en el caso de las descargas
de aguas negras en el río de la Plata en Buenos Aires.
Un número considerable de ciudades en América
Latina tiene problemas para garantizar su abasto de agua por
lo que este tema debe considerarse prioritario en la discusión
de la sustentabilidad urbana. La demanda de alimentos, energía
y materiales para construcción en las ciudades ha inducido
cambios significativos en el uso del suelo en las regiones
cercanas y distantes a esas ciudades. De igual forma, la descarga
de residuos y las emisiones provenientes de las ciudades han
ocasionando fuertes problemas de degradación ambiental
en sus regiones durante las últimas décadas.
LA
CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL ESPACIO URBANO
Durante
los últimos diez años se ha agudizado la formación
del espacio urbano como una división marcada entre
lo formal y lo informal, lo legal e ilegal, lo rico y lo pobre.4
Las ciudades se muestran cada vez más como un espacio
fragmentado con elevada segregación espacial que agudiza
la exclusión social característica de la región.
La restricción del acceso al suelo urbano, a los servicios
públicos y a la infraestructura para algunos de los
habitantes de la ciudad es la combinación de la creciente
desigualdad social, el crecimiento de la pobreza, la acción
del mercado inmobiliario y los sistemas políticos,
legales y de planeación urbana de los países
en la región. A la multiplicación de zonas irregulares
marginadas se une un fenómeno nuevo de una segregación
voluntaria de las zonas de altos ingresos del resto de la
ciudad como una medida para escapar al crimen y la violencia
urbana. Este proceso se ha acelerado de manera importante
durante la última década. En este sentido siguen
siendo válidas las contribuciones de Castells (1977)
y Harvey (1973) al señalar que la construcción
del espacio urbano debe ser entendida como resultado del conflicto
entre clases que resultan del modo de producción capitalista.
El desorden urbano, característico de las ciudades
en América Latina como en otros países pobres,
representa la organización espacial creada por el mercado
y la ausencia de control social sobre éste (Castells
1977).5 Entender cómo el espacio es formado por numerosos
actores urbanos no puede dejar de lado las dinámicas
estructurales más amplias de las relaciones económicas
y políticas en una sociedad en cualquier momento en
el tiempo (Harvey 1985).
DETERIORO
DE LA ESTRUCTURA FÍSICA DE LAS CIUDADES
Las
crisis económicas en la mayoría de los países
en la región se han traducido en una baja notable en
la inversión para expandir, mantener y operar la estructura
física de las ciudades (Anton 1993). Este desplome
se inicia en la década de los ochenta y la pérdida
de inversión en la estructura física de las
ciudades continúa durante los últimos diez años.
Las
consecuencias son evidentes en el continuo deterioro de la
estructura física de las ciudades. Vialidades, equipamiento
urbano, servicios públicos básicos, áreas
recreativas y culturales operan cada vez con mayores problemas
incrementando los cuellos de botella para la función
urbana y los riesgos para el medio ambiente y la salud de
los habitantes.6 Desgraciadamente, la caída de la inversión
en el mantenimiento y la operación de la estructura
urbana se da en el contexto del rápido crecimiento
de las ciudades, en particular la periferia de las áreas
metropolitanas y las ciudades medias en América Latina.
Cabe resaltar el caso de servicios públicos básicos
con un fuerte impacto en la salud de los habitantes urbanos
y el medio ambiente, como es el caso de la distribución
de agua potable y la recolección y tratamiento de aguas
negras. El deterioro de esas redes no es evidente a simple
vista por su carácter subterráneo, pero sí
en su operación. La presión para cubrir las
demandas del crecimiento urbano lleva a los administradores
de las redes de agua potable y de aguas negras a operar por
encima de su capacidad de diseño original dando lugar
a rupturas y deficiencias en el servicio prestado.7 La privatización
de servicios públicos básicos ha sido alentada
durante la última década justificándola
como una medida para mejorar la operación y reducir
la inversión pública en esos servicios. América
Latina es la región en donde se han registrados las
mayores inversiones en la privatización de esos servicios
a nivel mundial. 8 A pesar de que algunos estudios señalan
los beneficios de esas privatizaciones (Estache et al. 2001),
las protestas en Cochabamba y Tucumán por el incremento
en las tarifas de agua evidencian las dificultades o la falta
de interés de las compañías privadas
por mantener tarifas accesibles a los grupos de bajos ingresos
(Zanetta 2001).
DETERIORO
AMBIENTAL
Como
se ha dicho antes, los problemas ambientales en las ciudades
se han agravado durante la última década convirtiéndose
en un riesgo constante para la salud de sus habitantes y del
medio ambiente. El carácter dinámico del crecimiento
físico y de la economía de las ciudades, aunado
a un creciente proceso de relocalización industrial
de las grandes áreas metropolitanas hacia ciudades
medias en varios países de la región, ha extendido
el tipo e importancia de los problemas ambientales urbanos.
Durante la última década, dichos problemas,
como la calidad del aire, el abasto, la distribución
y calidad del agua, la recolección y tratamiento de
residuos sólidos y aguas negras, el control de residuos
peligrosos, aparecen con mayor frecuencia en ciudades medias.
Es
importante destacar dos aspectos de estos conflictos. Por
un lado, muchos de estos problemas interactúan con
otros aspectos ambientales en las ciudades, por ejemplo la
contaminación del manto acuífero por residuos
tóxicos industriales en la Ciudad de México.
Por otro lado, el incremento en la degradación ambiental
durante la última década ha tenido importantes
consecuencias en la salud de sus habitantes. Los desastres
ambientales también han tomado particular relevancia
en la última década. La dramática dimensión
de algunos de esos desastres ilustra la creciente vulnerabilidad
de las ciudades a ellos y pone de manifiesto su importancia
para la discusión de la sustentabilidad urbana.9 Un
número significativo de países en la región
actualizó sus marcos legales e institucionales para
la protección del ambiente durante la última
década. A pesar de esos avances, aún persisten
fuertes obstáculos para mejorar la protección
del ambiente: un fuerte centralismo en la gestión ambiental
en los gobiernos federales; la falta de recursos (económicos,
técnicos y humanos) para vigilar la puesta en práctica
de la legislación vigente; la falta de información
sobre la dimensión de la problemática ambiental;
la experiencia de las autoridades responsables para crear
una visión integral de los problemas ambientales que
incluya los procesos sociales que les dan origen y sus consecuencias
para diversos grupos sociales.
EL
DESARROLLO SUSTENTABLE Y LA CIUDAD
Ante
el panorama de crisis urbana arriba mencionada, cabe preguntarse
cómo transitar de un estado de crisis con severos problemas
sociales, económicos, políticos y ambientales
hacia una mayor equidad y equilibrio en la función
y el crecimiento de las ciudades. En este momento es pertinente
introducir en la discusión el concepto de desarrollo
sustentable. Éste ha sido un concepto ampliamente debatido.
Aparece como el objetivo último de todo plan de desarrollo,
de las acciones de corporaciones transnacionales y otros grupos
de capital privado, de acuerdos internacionales vinculados
con el medio ambiente, el crecimiento económico y el
desarrollo social. El éxito del concepto de desarrollo
sustentable se debe a su apropiación por parte de diversos
grupos del sector público, el sector privado y la amplia
gama que representan la sociedad civil. Esa apropiación
del concepto ha creado una diversidad de interpretaciones,
transformándolo en un argumento retórico muy
socorrido. 10 El manejo retórico del desarrollo sustentable
dificulta, sin embargo, su utilidad práctica en acciones
concretas tendientes a modificar la compleja realidad de las
ciudades en América Latina. Éste no es el espacio
para debatir sobre las deficiencias y virtudes del concepto
de desarrollo sustentable, pero sí parece importante
destacar algunos aspectos de ese debate útiles a la
discusión de la sustentabilidad urbana. El concepto
de desarrollo sustentable comúnmente presente en la
literatura y en organismos internacionales (las Naciones Unidas,
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico, el Banco Mundial, la Unión Europea),
distingue tres elementos básicos: la sustentabilidad
ecológica, la social y la económica. El desarrollo
sustentable es definido como un equilibrio entre esas dimensiones
en favor de un estado de mayor equidad en la generación
actual y con las generaciones futuras.11 Sin dejar de reconocer
el valor de la perspectiva multidimensional de ella, vale
la pena destacar que la definición y su uso no problematizan
la forma como se dan las interacciones entre las dimensiones
arriba señaladas, aspecto central en la búsqueda
del equilibrio entre ellas. Por el contrario, el uso del concepto
de desarrollo sustentable tiende a caer en generalizaciones.
Se asumen grandes bloques de actores que se identifican con
un objetivo común poco definido (el desarrollo sustentable).
Se dejan de lado las grandes diferencias entre esos grupos
y se da por hecho que la mediación de la planeación
será capaz de definir y establecer cuándo y
cómo crear el deseado equilibrio entre las dimensiones
social, ambiental y económica. En la práctica,
el concepto no llega a identificarse con la realidad que pretende
modificar. En estos términos el concepto es poco operativo,
aun a nivel de discurso en el debate de la equidad y equilibrio
deseados a través del desarrollo sustentable.12 El
concepto de sustentabilidad urbana enfrenta problemas similares.
Las
mejores definiciones la consideran como un estado de equilibrio
entre las dimensiones social, económica y ambiental
en el espacio de la ciudad. Sin embargo, en la práctica
una parte importante de la literatura prioriza la dimensión
ambiental (mayor protección ambiental igual a desarrollo
sustentable) (Brugmann 1996, Girardet 1992) o incluso la limita
a únicamente el metabolismo urbano medido en términos
de flujo de energía (Newman 1999, Roseland 2000). No
tomar en cuenta el carácter multidimensional del desarrollo
sustentable ofrece serios problemas para su uso en el contexto
de las complejas realidades de las ciudades en América
Latina. La construcción social del ámbito urbano
como un espacio fragmentado con elevada segregación
espacial tiene importantes consecuencias ambientales. Sin
embargo, centrar la atención sólo en los problemas
del entorno nacional dificulta identificar los procesos sociales
de donde parten esos problemas, así como sus consecuencias.
La construcción del espacio urbano fragmentado y segregado
y los problemas ambientales que de ello derivan deben entenderse,
como se mencionó antes, como resultado del conflicto
entre clases que resultan del modo de producción capitalista
y no puede ser analizado únicamente a través
de su dimensión ambiental. Si bien éste es un
punto de partida para analizar la sustentabilidad urbana en
América Latina, se requiere recordar el carácter
dinámico de la problemática urbana en varias
dimensiones y en diferentes escalas espaciales (de lo global
a lo nacional, subnacional y lo local a nivel de ciudad, barrio
y hogar). De ahí la necesidad de buscar conceptos operativos
que faciliten el trabajo multidimensional y multiespacial.
Regresaremos a este punto en la sección final de este
trabajo.
La
interpretación del desarrollo sustentable limitada
a su dimensión ambiental es frecuente en países
industrializados y por parte de organizaciones internacionales
como el Banco Mundial. La visión tiende a centrar y
reducir la discusión del desarrollo sustentable a aspectos
técnicos, enfatizando el papel mediador de la planeación
y el manejo ambiental. Este esquema es en realidad una prolongación
al enfoque dominante para administrar el medio ambiente (environmental
management) y parte de una visión fragmentada del medio
ambiente disociada de su contexto social, político
y económico y reducida a cuestiones técnicas.
Esta perspectiva, característica en la política
ambiental de los Estados Unidos de América, reduce
la cuestión ambiental a un problema técnico,
lo que les permite mediar la diversidad de intereses económicos
y políticos involucrados en ella. La política
ambiental estadounidense ha sido tomada como modelo para el
desarrollo de las acciones públicas ambientales en
la gran mayoría de los países en América
Latina. Desgraciadamente, la puesta en práctica de
esta visión fragmentada tiene problemas en el contexto
de países de la región en donde los desequilibrios
sociales característicos están vinculados con
los problemas ambientales.
Las
críticas de algunos autores al enfoque de administración
ambiental ayudan a ilustrar esas limitaciones. Gibbs y Jonas
(2000) resaltan la separación entre este enfoque y
su dimensión política y económica. Para
ellos se trata de un divorcio entre el proceso para crear
políticas ambientales y aspectos más amplios
de gobernabilidad y regulación de las economías
locales: “El problema con este enfoque es que trata
al ambiente como sistema relativamente autocontenido y cerrado
cuyos elementos pueden ser modelados y, consecuentemente regulados
con poca interacción de los sistemas económicos
y políticos ‘externos’”(305). Para
Carley y Christie (1993) la administración ambiental
es un proceso social y político, no sólo un
ejercicio técnico.
Redclift
(1994: 644) señala que el problema con este enfoque
es que “la administración ambiental no da atención
ni al marco conceptual dentro del cual entendemos los problemas
ambientales, ni al marco económico internacional dentro
del cual estos problemas se manifiestan y para él,
el medio ambiente es considerado sólo después
de que son establecidos los objetivos de crecimiento. La administración
ambiental no propone alternativas de crecimiento y desarrollo
en donde factores sociales, ecológicos y económicos
se presenten balanceados. En su lugar, la administración
ambiental es sólo un conjunto de respuestas técnicas
reactivas a circunstancias específicas.
La
aceptación internacional al modelo de administración
ambiental como parte central de la sustentabilidad urbana
es evidente en los esquemas de organismos internacionales
como el Banco Mundial, la OCDE, la ONU y un número
de nuevas iniciativas sobre sustentabiliad urbana surgidas
en los últimos años.
DESCENTRALIZACIÓN
Y GESTIÓN LOCAL
Durante
los últimos años el término descentralización
ha seguido una historia similar a la del desarrollo sustentable.
La descentralización es un concepto ampliamente usado
para promover una variedad de objetivos. Es frecuente encontrar
el término en el ámbito del discurso en los
planes y programas regionales y nacionales en América
Latina. Aparece además en la agenda neoliberal y en
los programas de ajuste estructural promovidos por organismos
internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional como parte de los esfuerzos para reducir el
papel de los gobiernos centrales (World Bank 2000).13 Por
otro lado, la descentralización se ubica en el centro
de las demandas de gobiernos locales y en la literatura como
una medida en favor de un mayor poder a este nivel en la toma
de decisiones. Estas posiciones están de acuerdo en
considerar a la descentralización como una respuesta
a la excesiva centralización de los gobiernos. La descentralización
es una acción política por definición,
dado que se ocupa de “la distribución territorial
del poder” (Smith 1985: 1) y afecta el poder relativo
de diferentes clases y grupos sociales (Schonwalder 1997:758).
Ribot (2001: 3) señala que la democratización
y transferencia de poderes amenaza a muchos actores y que,
debido a ello, hay pocos ejemplos de descentralización
política que se hayan puesto en práctica. Por
otro lado, existe el riesgo de que un proceso de descentralización
beneficie a ciertos grupos de poder local en detrimento de
la mayoría de la población. Las contribuciones
de diversos autores ayudan a diferenciar entre descentralización
política o democrática y otra serie de modalidades
tendientes a reducir el papel e importancia del gobierno central,
frecuentemente denominadas descentralización (desconcentración
o descentralización administrativa, descentralización
fiscal, devolución, delegación y privatización)
(Ribot 2001, Schonwalder 1997). Estas últimas formas
de descentralizacion enfatizan los aspectos técnicos,
administrativos y espaciales, reduciendo los rasgos políticos
a un segundo plano como una variable de contexto.
Es
interesante señalar la relación entre la descentralización
política con el carácter multidimensional y
multiespacial del desarrollo sustentable mencionado en la
primera parte de este trabajo. Sin embargo, la descentralización
es un término operativo que ayuda a los objetivos multidimensionales
del desarrollo sustentable con la realidad local en las ciudades.
También aparece como un concepto operativo afín
a los objetivos multidimensionales del desarrollo sustentable
en las ciudades de la región. El carácter político
del concepto de descentralización resalta la necesidad
de mediación entre los diversos intereses en el ámbito
local y entre el nivel local y el gobierno central. ¿Cuál
ha sido la experiencia de América Latina en términos
de la descentralización? Algunos autores consideran
que se han dado avances en este sentido en los últimos
años aunque con marcadas diferencias entre países.
En su estudio sobre la política de descentralización
en América Latina, Willis y otros (1999) destacan el
caso de Brasil y Colombia como las naciones con mayor descentralización
política y financiera en América Latina.
El
caso de Brasil es particularmente interesante por insertarse
en un marco de modificaciones legales e institucionales orientadas
al fortalecimiento de la gestión local. Estos cambios
incluyen la creación del Consejo Nacional del Medio
Ambiente a partir de la legislación sobre el Sistema
Nacional del Medio Ambiente 1981. El Consejo Nacional incluye
la representación de todos los sectores de la sociedad
y de los gobiernos federal, estatal y municipal. Bajo este
mismo esquema se crearon los Consejos Estatales del Medio
Ambiente y cientos de Consejos Municipales del Medio Ambiente.14
La gestión local en las ciudades brasileñas
se ha fortalecido a partir de la reciente aprobación
del estatus de ciudad (2001). Éste amplía los
poderes de las ciudades para manejar el desarrollo urbano
en cuatro dimensiones: proveer lineamientos con respecto a
las secciones sobre política urbana en la Constitución
de 1988; regular los usos del suelo, incluyendo el mercado
de suelo como un medio para combatir la segregación
espacial; institucionalizar el proceso de planeación
urbana y promover procesos de regulación de la tenencia
de la tierra más democráticos. El éxito
de la descentralización y el fortalecimiento de la
gestión local en Brasil se basa en un fuerte federalismo
que otorga poder político y recursos fiscales a los
gobiernos estatales y municipales. 15 En Brasil, la mayor
parte del presupuesto federal es controlado por los estados
(40.7%) y municipios (22.8%) a partir de la constitución
de 1988 (Souza 1997: 38).16 En contraste, en México
los estados sólo reciben el 14% del presupuesto federal
y los municipios el 4%. La descentralización en Colombia
resulta una experiencia más reciente. A pesar de no
contar con el apoyo de un fuerte federalismo como en Brasil,
Colombia ha cambiado radicalmente el marco dentro del cual
operan los gobiernos locales a partir de la mitad de la década
de los ochenta. La aprobación de nuevas leyes, decretos
presidenciales y una nueva constitución otorgan a los
municipios recursos, responsabilidades y capacidad de decisión
(Fiszbein 1997). En el caso del medio ambiente, Colombia aprobó
la Ley de planeación Ambiental en 1993 y la ley de
1999, reestructura el Sistema Nacional Ambiental y las Corporaciones
Autónomas Regionales. Para efectos de este trabajo
vale la pena destacar además la legislación
de 1997 para el Ordenamiento Territorial Municipal y el apoyo
por parte de las corporaciones regionales a la gestión
local en los municipios, que abre posibilidades de procesos
de sustentabilidad urbana.
La
experiencia de descentralización ambiental en el resto
de los países en América Latina presenta resultados
mucho más limitados que los alcanzados por Brasil y
Colombia. Los procesos de descentralización ambiental
son, en la mayoría de los casos, de desconcentración
administrativa en la protección del medio ambiente
(México, Nicaragua, Ecuador, Costa Rica, Venezuela,
El Salvador y Bolivia). En otros países, la protección
del entorno se mantiene como un aspecto concentrado en el
gobierno central (Chile, Paraguay y Uruguay). Vale la pena
destacar la importancia y fuerza de organizaciones internacionales
en la promoción de estos modelos de descentralización,
particularmente el Banco Mundial. Esta institución
financió durante la última década proyectos
de descentralización ambiental en diversos países
de la región bajo un esquema que corresponde al enfoque
de desconcentración administrativa arriba señalado.
REFLEXIONES
FINALES. HACIA UN ENFOQUE PRÁCTICO DE LA SUSTENTABILIDAD
URBANA
Este
trabajo hace alusión a la crisis urbana en las ciudades
de la región. La atención se ha centrado en
las grandes urbes, pero las ciudades que más crecen
en el área son las medias y la periferia de los grandes
conglomerados urbanos. Son estas ciudades y las pequeñas
las que cuentan con menores recursos para orientar su crecimiento
y evitar los problemas de las grandes concentraciones. El
reto es cómo enfrentar su desarrollo para lograr un
crecimiento más equitativo en términos sociales
y ambientales. Es aquí donde la discusión del
desarrollo sustentable en ciudades cobra importancia. El problema
inmediato es cómo trascender del discurso del desarrollo
sustentable para pasar a una visión operativa multidimensional
y multiespacial que permita abordar la compleja realidad de
las ciudades en América Latina.
Una
primera reflexión para lograr un esquema operativo
del desarrollo sustentable en ciudades requiere considerar
la visión de cómo el discurso dominante ha usado
este concepto identificándolo con un estado final de
equilibrio deseado por todos. Resulta difícil, si no
imposible, pensar en alcanzar dicho estado en las condiciones
de crisis que caracteriza a nuestras sociedades. Algunas iniciativas
empiezan a reconocer la necesidad de romper con la inercia
de identificar el desarrollo sustentable como un proceso (National
Research Council, Board on Sustainable Development 1999).
Otras
contribuciones identifican directamente al desarrollo sustentable
como un proceso y no como un estado final. En un esfuerzo
por encontrar un concepto operativo del desarrollo sustentable,
Carley y Christie (1993: 48) lo definen como “un proceso
continuo de mediación entre necesidades sociales, económicas
y ambientales, el cual resulta en un cambio socioeconómico
positivo que no mina los sistemas sociales y ecológicos
de los cuales dependen las comunidades y la sociedad. El éxito
de su puesta en práctica requiere de la integración
de políticas, planeación y procesos de aprendizaje
social; su viabilidad política depende del apoyo total
de la gente a la que afecta a través de sus gobiernos,
sus instituciones sociales y sus actividades privadas.”
En esta definición vale la pena destacar dos aspectos.
El desarrollo sustentable es considerado un proceso de mediación
entre intereses y necesidades sociales, económicas
y ambientales (el desarrollo sustentable como un proceso multidimensional).
Su operación trasciende el ámbito técnico
de la planeación e incluye la mediación política
y social que coincide con las críticas al manejo ambiental
de Gibbs y Jonas, Redclift y otros autores. La identificación
del desarrollo sustentable como un proceso implica reconocer
su carácter político, como señalan Carley
y Christie. Esto lleva a una segunda reflexión y a
identificar el vínculo entre desarrollo sustentable
y la descentralización política o democrática.
Este tipo de descentralización otorga poder a los gobiernos
locales para la gestión del crecimiento urbano y la
protección del ambiente. Un principio básico
de esa descentralización es la participación
ciudadana en el proceso, entendida ésta más
allá de la consulta pública y en favor de una
integración en la toma de decisiones y la implementación
de acciones del crecimiento urbano y la protección
del ambiente local. Este tipo de proceso es parte importante
de la puesta en práctica del desarrollo sustentable.
La descentralización como proceso político conlleva
la problematización de conflictos al interior de cada
dimensión del desarrollo sustentable (social, económica,
ambiental) y, en particular, de los conflictos en las interacciones
entre esas dimensiones. Por ejemplo, los conflictos que surgen
en la creación del espacio urbano, de donde resultan
la exclusión social característica de nuestras
ciudades y sus consecuencias sociales, económicas,
ambientales y políticas. La breve discusión
sobre descentralización comentada antes señala
la dificultad de lograr la descentralización política,
pero algunas experiencias positivas en Brasil y Colombia ilustran
su viabilidad.
A
pesar de la importancia de la gestión local en el desarrollo
sustentable, es importante recordar que la transferencia de
poder a un nivel local no garantiza necesariamente un proceso
democrático. Esa transferencia puede favorecer a grupos
locales de poder y tener resultados totalmente contrarios
a los deseados. Es por ello que el papel del gobierno central
es fundamental no sólo en la transferencia de poder
al nivel local, sino también en garantizar que ese
transpaso de cómo resultado un beneficio para la mayoría
de la población. El papel del gobierno central es importante
también para garantizar procesos de descentralización
de larga duración. Ésta es una visión
diferente a la del Banco Mundial que promueve esquemas de
descentralización tendientes a la desconcentración
administrativa y la reducción del papel que juega el
gobierno central. El desarrollo sustentable implica un equilibro
entre varias dimensiones, pero además un balance entre
la gestión local y el gobierno federal.
Una
tercera reflexión tiene que ver con la operación
en diversas escalas del desarrollo sustentable en ciudades.
En la introducción a este trabajo se señaló
el carácter dinámico de los sistemas urbanos
no sólo al interior de la ciudad sino también
como interfase con procesos nacionales y globales. Un esquema
operativo del desarrollo sustentable debe reconocer esas escalas.
En el discurso sobre este tipo de desarrollo en el ámbito
urbano se tiende a priorizar el nivel de ciudad como la unidad
básica de análisis. El vínculo con procesos
globales se centra en el papel de las urbes en las emisiones
de gases de efecto invernadero promovido por iniciativas internacionales
(Ciudades en Pro del Ambiente). Sin dejar de reconocer la
importancia del papel de estos gases en el problema del cambio
climático, para las ciudades de América Latina
resulta fundamental centrar su atención en los impactos
que sobre ellas tienen la variabilidad y el cambio climático.
Las devastadoras consecuencias de recientes desastres naturales
en la región ilustran la necesidad de incorporar otra
visión de las escalas que interactúan en el
desarrollo sustentable urbano. En este sentido es importante
retomar las contribuciones de Jorge Hardoy en sus estudios
de los problemas ambientales en ciudades de países
pobres. Hardoy y otros (1992) resaltan la necesidad de estudiar
esos problemas en una gama continua de escalas, del nivel
de ciudad al de barrio y finalmente al del hogar. La sustentabilidad
urbana requiere reconocer esa gama continua de escalas. Es
ésta quizás la mejor forma de poner en práctica
acciones con resultados tangibles para la mayoría de
la población. El reto para trabajar en varias escalas
y en varias dimensiones en el contexto de las ciudades nos
lleva a una reflexión final. El discurso dominante
del desarrollo sustentable problematiza poco la forma como
se dan las interacciones entre esas dimensiones en sus diversas
escalas. Esto representa sin duda un reto teórico y
metodológico considerable y no pretendo tener una solución,
pero parece interesante plantear como reflexión los
avances logrados por los conceptos de vulnerabilidad y modos
de vida (livelihood) que trabajan en niveles multidimensionales
y multiespaciales. Los avances en ambos conceptos parten de
las contribuciones de Sen (1981) sobre hambruna que le valieron
fama mundial.17 El concepto de modo de vida trata de entender
cómo las estructuras de economía política
en diversas escalas moldean o, en muchos casos, crean hogares
y espacios marginalizados (Blaikie 1994).
Bebbington
(1999) aplica este concepto en su estudio sobre las comunidades
campesinas en los Andes y lo define como proyectos socioecológicos
que integran actores y paisajes a través de varias
escalas en su búsqueda de cómo ganarse la vida
y hacerlo con sentido. Ambos autores basan su análisis
en los activos tangibles (tierra, vivienda, mano de obra,
herramientas y otros bienes) e intangibles (redes de apoyo
social y económico) así como en su valor de
intercambio. Esto representa los recursos que los campesinos
o, en el caso de las zonas marginadas los habitantes de favelas,
villas miseria, asentamientos irregulares, pueden movilizar
en su resistencia a las estructuras de explotación,
y en los momentos de crisis (desastres naturales, crisis económica,
etc.). El concepto de modos de vida ofrece algunas contribuciones
a la discusión de un esquema operativo del desarrollo
sustentable en ciudades.
Es
un concepto que maneja la dimensión ambiental en conjunto
con la social, económica y política en diversas
escalas. Utiliza elementos analíticos que permiten
identificar las interacciones entre esas dimensiones y sus
consecuencias. Busca entender y actuar sobre realidades complejas
a partir de un análisis de los elementos estructurales
de esas realidades y de la capacidad de acción de los
actores. Todos estos son elementos que buscamos encontrar
en un concepto operativo del desarrollo sustentable. El reto
es transformar el discurso dominante de desarrollo sustentable
en un concepto operativo que ayude a las ciudades de América
Latina a lograr mayor equidad en su crecimiento.
NOTAS
1.
América Latina cuenta con uno de los mayores niveles
de urbanización en el mundo. Datos de las Naciones
Unidas (2001) señalan que la tasa de urbanización
en la región era de 76 % en 1995 y se espera que llegue
al 85 % en el 2025. Cerca de la mitad de la población
en la región estaba concentrada en 280 ciudades de
más de 100,000 habitantes y cerca del 23%de la población
vivía en megaciudades en 1990. Las principales urbes
de América Latina generan la mayor parte del producto
interno bruto y de la actividad industrial de cada país.
2
Alan Gilbert (1993) presenta un buen resumen del proceso de
urbanización en América Latina.
3
La proporción de pobres en las ciudades de la región
pasó de 37% en 1970 a 57% en 1990. Datos del Banco
Mundial señalan que 31 de los 37 millones de nuevos
pobres que surgieron entre 1986 y 1998 en la región,
31 millones eran urbanos. De seguir la tendencia actual, el
70% de los pobres estarán en ciudades.
4
La extensión de asentamientos irregulares en algunas
de las principales áreas metropolitanas de América
Latina da idea de la extensión de esos contrastes:
en 1990 el 37.5% en Lima, 60% en Ciudad de México,
32%, en São Paulo, 42% en Caracas y 26% en Bogotá.
5
Hull (1998) señala, por ejemplo, que la planeación
ha sido redefinida en términos del proceso que permita
facilitar la liberación eficiente de sitios a desarrollar
en respuesta a las señales del mercado.
6
El deterioro en la operación de algunos de esos servicios
llega a casos exteremos, como en la ciudad de México
en donde cerca del 30% del agua potable en la red urbana se
pierde por fugas. Esto representa suficiente agua potable
para cubrir el abasto diario de una ciudad como Roma (Ezcurra
y Massari 1996). El 70% de las plantas de tratamiento de aguas
negras en México no operan por deficiencias en su mantenimiento.
7
Estudios de caso muestran que los problemas en la operación
de esos servicios ocurren con mayor frecuencia en las zonas
de menores ingresos (Sánchez y Lara 1993).
8
Con un monto de $236,000 millones de dólares entre
1990 y 1998, representa casi la mitad de la inversión
realizada en países en desarrollo. Sin embargo, esa
inversión se ha concentrado en Argentina, Bolivia,
Brasil, Chile y México (Estache et al. 2001).
9
La pérdida de vidas humanas más que los daños
materiales causados por terremotos, huracanes, inundaciones
y volcanes, ilustran la creciente vulnerabilidad de las ciudades
en América Latina a esos fenómenos. Por ejemplo,
las 1,500 muertes causadas por el terremoto y los deslaves
en El Salvador en 2001, los 30,000 decesos producidos por
las inundaciones y deslaves en Venezuela en 1999, las más
de 10,000 defunciones por las inundaciones y deslaves ocasionados
por el huracán Mitch en 1998 en Honduras, Nicaragua
y Guatemala (Cross 2002). Un número importante de esos
fallecimientos ha ocurrido en ciudades pequeñas y en
la periferia de grandes urbes.
10 El concepto de desarrollo sustentable se ha interpretado
desde una estrategia poco definida para limitar la explotación
de recursos naturales y proteger el medio ambiente hasta un
enfoque social integral y un nuevo paradigma de desarrollo
en la búsqueda de mayor equidad actual y entre
generaciones (Elliot 1994, Carley y Christie 1993, Redclift
1987).
11
A pesar de la amplia aceptación de esta definición
del desarrollo sustentable, algunas críticas señalan
que su aparición es parte de un nuevo discurso para
conciliar las hasta entonces posiciones antagónicas
entre el crecimiento económico y la protección
del ambiente (Redclift 1987). Este discurso refleja un cambio
significativo en la forma del capital al entrar en una fase
ecológica y muestra la reinvención de las condiciones
de producciones a través de la reinterpretación
de la naturaleza como medio ambiente, de la pobreza como el
efecto de la destrucción ambiental y del papel del
manejo y la planeación como árbitros entre personas
y naturaleza (Escobar 1995).
12
Algunos críticos del desarrollo sustentable señalan
que el manejo del concepto basado en estas generalizaciones
es aprovechado por diversos actores. Por ejemplo, para las
burocracias las políticas de sustentabilidad tienden
a ser informativas y a depender del futuro con el fin de planear
sin tener que incurrir en el alto costo de la puesta en marcha
de acciones públicas así como regular aspectos
poco populares (Bohemer-Christiansen 2002).
13
Para las Naciones Unidas la descentralización, ahora
promovida en el contexto de un discurso pluralista, enfatizó
una mayor representación de los ciudadanos, un énfasis
en las reformas de Estado hacia un desarrollo basado en la
acción del mercado con programas de ajuste estructural
y el apoyo de la gobernabilidad local para mejorar la efectividad
de los servicios ofrecidos a las
poblaciones locales.
14
CONAMA 2002. Disponible en www.mma.gov.br/port/conama/.
15
Uno de los ejemplos de descentralización política
o democrática más interesantes en América
Latina, con implicaciones para la sustentabilidad urbana,
es el caso del presupuesto participativo en Porto Alegre,
Brasil. Otros ejemplos importantes son: las estrategias de
desarrollo urbano en Río de Janeiro que incluye los
programas de revitalización de favelas con fuertes
niveles de participación popular en la preparación
de proyectos y su puesta en marcha; los proyectos de reforestación
comunitaria en las favelas de esa misma ciudad y el manejo
de residuos sólidos a través de esfuerzos comunitarios
en Belo Horizonte.
16
Souza argumenta que la fuerza detrás del federalismo
brasileño ha sido la necesidad de acomodar las demandas
de élites en conflicto y mediar entre las grandes desigualdades
regionales (Souza 1997: 20).
17
Sen argumenta que las causas de la hambruna son la incapacidad
de controlar suficiente comida cuando la necesitan individuos
y hogares específicos. La capacidad de tener acceso
a la comida depende de la posesión de activos (trabajo,
vivienda, tierra, herramientas y otros bienes) y del valor
de intercambio que generan esos activos que se producen o
pueden ser intercambiados por comida. Este enfoque contribuyó
a trascender la visión limitada de la concepción
de la pobreza basada en el ingreso, hacia una discusión
más amplia, investigando los activos y su valor de
intercambio usados por los hogares en su modo de vida.
BIBLIOGRAFÍA
Anton,
D.J. 1993. Thirsty Cities. Urban Environments and Water Supply
in Latin America. International Development Research Center,
Ottawa.
Bebbington, A. 1999. “Capitals and Capabilities: A framework
for Analyzing Peasant Viability, Rural Livelihoods, and Poverty.”
World Development vol. 27, no. 12, pp. 2021-2044.
Blaikie, P. y T. Cannon et al. 1994. At Risk: Natural Hazards,
People’s Vulnerability, and Disasters. Routledge, Londres.
Boehmer-Christiansen, S. 2002. “The geo-politics of
sustainable development: bureaucracies and politicians in
search of the holy grail”. Geoforum.
Brugmann, J. 1996. “Planning and sustainability at the
local level.” Environmental Impact Assessment Review.
Vol. 16, pp. 363-379.
Carley, M. e I. Christie 1993. Managing Sustainable Development.
University of Minnesota Press, Minneapolis.
Castells, M. 1977. La cuestión urbana. Siglo XXI Editores,
México.
Cross, J. 2002. “Megacities and small towns: Different
perspectives on hazard vulnerability.” Environmental
Hazards.
Elliot, J.A. 1994. An introduction to sustainable development.
Routledge, Londres.
Escobar, A. 1995. Encountering development. The making and
unmaking of the Third World. Princeton University Pr ess,
Princeton.
Estache, A, A.Gomez-Lobo, y D. Leipziger 2001. “Utilities,
Privatization and the Poor: Lessons and Evidence from Latin
America.” World Development 29(7): 1179-1198.
Ezcurra, E. y M. Mazari-Hiriart 1996. “Are Megacities
Viables? A Cautionary Tale from Mexico City.” Environment.
Vol. 38, no.1.
Fiszbein, A. 1997. “The emergence of local capacity:
Lessons from Colombia.” World Development 25(7): 1029-1043.
Gibbs, D. y A. Jonas 2000. “Governance and regulation
in local environmental policy: The utility of a regime approach.”
Geoforum. Vol. 31: 299-313.
Gilbert, A. (ed.) 1993. The Megacity in Latin America. United
Nations University Press, New York. Pp. 73-109.
Girardet H. 1993. The Gaia Atlas of Cities. New Directions
for Sustainable Urban Living. Anchor Books.
Hardoy, J.E., D. Mitlin y D. Satterthwaite 1992. Environmental
Problems in Third World Cities. Earthscan, Londres.
Harvey, D. 1973. Social Justice and the City. The John Hopkins
University Press, Baltimore.
——— 1985. “The place of urban politics
in the geography of uneven capitalist development.”
En: The Urbanization of Capital. The John Hopkins University
Press, Baltimore.
Hull, A. 1998. “The development plan as a vehicle to
unlock development potential?” Cities 15(5): 327-335.
National Research Council, Board on Sustainable Demografía.
El Colegio de México, The Population Council. 1993.
Redclift, M. 1994. “Development and the Environment:
Managing the Contradictions?” En: L. Sklair (ed.). Capitalism
and development. Routledge, Londres. Pp. 123-139.
Ribot, J. 2001. Local actors, powers and accountability in
African decentralizations: A review of issues. Artículo
preparado para el International Development
Research Center of Canada. Assessment of Social Policy Reforms
Initiative. 25 de julio.
Roseland, M. 2000. “Sustainable community development:
integrating environmental, economic, and social objects.”
Progress in Planning 54(2): 73-132.
Sánchez, R. y F. Lara 1993. “Estudio sobre el
manejo del agua en Nogales: en busca de un enfoque integral.”
(Water management in Nogales: in search of an integreated
approach). En. H. Izazola y S. Lerner (comp.).Población
y medio ambiente. ¿Nuevas interrogantes a viejos problemas?
Sociedad Mexicana de Demografía, México.
Schonwalder, G. 1997. “New Democratic spaces at the
grassroots? Popular participation in Latin American governments.”
Development and Change. Vol. 28: 753-770.
Smith, B. 1985. Decentralization. The territorial dimension
of the State. Allen and Unwin, Londres.
Souza, C. 1997. Constitutional engineering in Brazil. The
politics of federalism and decentralization. MacMillan Press,
Londres.
Willis, E., Garman, C. y S. Haggard 1999. “The politics
of decentralization in Latin America.” Latin American
Research Review. 34(1): 7-56.
Zanetta, C. 2001. “The evolution of the World Bank’s
urban lending in Latin America: from sites and ser vices to
municipal reform and beyond.” Habitat International
25: 513-533.
*
Universidad de California, Santa Cruz. Correo-e: ranchez@weber.ucsd.edu