Definición
y consecuencias de accidentes de alto riesgo ambiental
- Definición
de accidentes de alto riesgo ambiental
En
este contexto, se entiende como accidente de alto riesgo ambiental:
Una
explosión, incendio, fuga o derrame súbito que
resulte de un proceso en el curso de las actividades de cualquier
establecimiento, así como en ductos y en transportes,
en los que intervengan una o varias sustancias peligrosas y
que suponga un peligro grave (de manifestación inmediata
o retardada, reversible o irreversible) para la población,
sus bienes, el ambiente y los ecosistemas.
A
este tipo de accidentes se les considera, también, como
accidentes mayores e incluyen los tipos descritos en el cuadro
I.1.1.
-
Cualquier
liberación de una sustancia peligrosa, en
la que la cantidad total liberada sea mayor a la
que se haya fijado como umbral o límite (cantidad
de reporte o de control).
-
Cualquier
fuego mayor que de lugar a la elevación de
radiación térmica en el lugar o límite
de la planta, que exceda de 5 kw/m2 por
varios segundos.
-
Cualquier
explosión de vapor o gas que pueda ocasionar
ondas de sobrepresión iguales o mayores de
1 lb/pulg2.
-
Cualquier
explosión de una sustancia reactiva o explosiva
que pueda afectar a edificios o plantas, en la vecindad
inmediata, tanto como para dañarlos o volverlos
inoperantes por un tiempo.
-
Cualquier
liberación de sustancias tóxicas,
en la que la cantidad liberada pueda ser suficiente
para alcanzar una concentración igual o por
arriba del nivel que representa un peligro inmediato
para la vida o la salud humana (IDLH por sus
siglas en inglés), en áreas aledañas
a la fuente emisora.
-
En
el caso del transporte, se considera como un accidente,
el que involucre la fuga o derrame de cantidades
considerables de materiales o residuos peligrosos
que pueden causar la afectación severa de
la salud de la población y/o del ambiente.
|
Los
accidentes a los que se hace referencia dependen, en gran medida,
de tres variables básicas:
- presión,
- temperatura
y
- volumen
de las diversas sustancias peligrosas involucradas en la actividad.
A
lo cual se suman otros factores tales como:
- características
del proceso o forma de transporte, diseño de los componentes
(por ejemplo cisternas de almacenamiento, vehículos,
ductos, etc.),
- condiciones
de operación,
- mantenimiento
y vigilancia de equipos,
- sistemas
de seguridad,
- capacitación
de los trabajadores.
Cabe
señalar que, en la Unión Europea, 90 por ciento
de los accidentes en empresas que realizan actividades altamente
riesgosas, han sido ocasionados por fallas en la administración
de las instalaciones y por errores humanos. Esto es importante
pues muestra que se puede incrementar la seguridad en las actividades
altamente riesgosas, si se mejora la gestión de las mismas
y la capacitación del personal.
A
su vez, el impacto de los accidentes y sus riesgos para la salud
y el ambiente, pueden reducirse o amplificarse, en función
de las condiciones que prevalezcan alrededor de las actividades
riesgosas, entre las que destacan:
- la
vulnerabilidad del medio,
- la
densidad poblacional,
- la
distancia de las poblaciones respecto de las empresas de alto
riesgo o las vías de transporte de materiales peligrosos,
- la
infraestructura de la que se disponga para mitigar el impacto
de los accidentes,
- el
conocimiento y preparación de la población para
comportarse de manera adecuada para proteger su salud en caso
de accidentes.
- Efectos
en la salud de la población por explosiones, incendios
y emisión de sustancias tóxicas
Las
explosiones, los incendios y la fuga o derrame de sustancias
tóxicas, constituyen riesgos graves en empresas industriales,
comerciales y de servicios, así como en las distintas
modalidades de transporte de materiales peligrosos, que implican,
por lo general, el escape de dichos materiales de un recipiente,
acompañado en el caso de sustancias volátiles,
de su evaporación y dispersión en el ambiente.
En
lo que respecta a la fuga de materiales inflamables, el mayor
peligro resulta de la formación de nubes de vapor inflamable
y posiblemente explosivo. Por lo general, los efectos suelen
limitarse a unos pocos cientos de metros de la instalación
en la que se producen, pero también puede suceder que
causen numerosas víctimas y daños severos a grandes
distancias, como puede ocurrir con la fuga repentina de grandes
cantidades de sustancias tóxicas. Bajo ciertas condiciones
meteorológicas, estas últimas pueden incluso producir
concentraciones letales a varios kilómetros de la fuente
de emisión, por lo que el número de víctimas
dependerá de la densidad poblacional a lo largo de la
trayectoria de la nube tóxica y de la eficacia de las
medidas de emergencia que se adopten, incluyendo la evacuación
de las personas en riesgo.
A
los riesgos anteriores se suma la posibilidad de que las ondas
expansivas y los proyectiles, producto de una explosión,
puedan afectar a otras plantas industriales o transportes de
materiales peligrosos, localizados en la vecindad, que contengan
materiales inflamables y tóxicos, con la consecuente
amplificación del desastre, en lo que se conoce como
efecto dominó o reacción en cadena.
Daños
ocasionados por las explosiones: La producción
de un estallido puede ocasionar daños a los edificios,
romper ventanas y arrojar materiales a centenas de metros de
distancia.
Las
lesiones provocadas a los individuos que se encuentran en el
sitio o cercanos al lugar en donde ocurren, resultan en primer
lugar de la acción de las ondas de choque, pero también
de los derrumbes, y la lluvia de proyectiles y vidrios rotos
que causan muertes y heridas graves.
Los
efectos de las ondas de choque dependerán de la sobrepresión
que alcancen los materiales explosivos (sobrepresiones mayores
a 1 lb/pulg2 ocasionan comúnmente la muerte,
de 0.5 psi el rompimiento de ventanas, de 20 psi colapsamiento
de paredes y 30 psi, derrumbe de estructuras). Este efecto se
reduce a medida que aumenta la distancia de la fuente generadora.
Las
explosiones pueden ser de dos tipos: deflagraciones,
cuando la velocidad de combustión es relativamente lenta
(del orden de 1 m/seg), o detonaciones, en las que la velocidad
de la llama es extremadamente elevada (por ejemplo 2 a 3 mil
m/seg); siendo el poder destructivo de las detonaciones mucho
mayor que el de las deflagraciones.
Las
explosiones de nubes de gases o vapores combustibles, liberadas
por la ruptura de contenedores o ductos, conocidas como UVCE
(Unconfined Vapor Cloud Explosions), pueden tener consecuencias
desastrosas. Se estima, por ejemplo, que una UVCE consecutiva
a una ruptura de 100 mm al ras de un depósito de propano
licuado bajo presión, provoca en una zona de 200 metros
efectos mortales y a 450 metros daños y heridas considerables
por una explosión que involucre la fuga de alrededor
de 8 mil kilos de propano.
Algo
semejante a lo anterior ocurrió en el accidente que tuvo
lugar en 1974 en Flixborough, Gran Bretaña, donde la
fuga producida entre dos reactores provocó la explosión
de 40 a 50 toneladas de ciclohexano, la muerte de 28 personas,
89 heridos, y la destrucción total de las construcciones
en un radio de 600 metros, además de romper vidrios hasta
13 kilómetros de distancia.
Daños
ocasionados por los incendios: Las quemaduras de diverso
grado de severidad, ocurren como resultado de la exposición
a las radiaciones térmicas ocasionadas por los incendios
y dependen de la intensidad del calor y del tiempo que dure
la exposición.
La
radiación térmica es inversamente proporcional
al cuadrado de la distancia desde la fuente. En el caso de que
se retrase la ignición de un material inflamable que
se escapa, se puede formar una nube de vapor de material inflamable
incrementando la magnitud del desastre.
Existe
una gama de posibles formas de incendios: tipo chorro, en depósitos,
los producidos por relámpagos y los ocasionados por explosiones
resultado de la ebullición de líquidos y formación
de vapores que se expanden; siendo estas últimas las
de mayores consecuencias.
La
muerte de los individuos expuestos a un incendio puede producirse,
también, como consecuencia de la disminución del
oxígeno en la atmósfera debido a su consumo durante
el proceso de combustión, pero se trata de un efecto
meramente local en el entorno inmediato al incendio. Aunado
a ello, pueden ocurrir intoxicaciones por exposición
a gases tóxicos generados por el proceso de combustión
de materiales.
Impacto
de la formación de "bolas de fuego": Las explosiones de líquidos en ebullición con
desprendimiento de vapores en expansión, suelen emitir
calor radiante intenso en un intervalo relativamente breve;
como puede llegar a ocurrir dentro de un depósito de
gas licuado que se mantenga por arriba de su punto de ebullición
atmosférico y que se rompa como resultado del debilitamiento
de su estructura.
El
escape de una mezcla turbulenta de líquido y gas que
se expande rápidamente en el aire como una nube, puede
dar lugar a una bola de fuego al inflamarse, ocasionando muertes
y quemaduras graves a varios cientos de metros del depósito
dañado. Ejemplo de este tipo de fenómenos, es
el accidente ocurrido en San Juan Ixhuatepec, Estado de México,
en 1984, en las instalaciones de la empresa Petróleos
Mexicanos (Pemex).
Las
"bolas de fuego" de tipo BLEVE (Boiling Liquid Expanding
Vapor Explosion), alcanzan dimensiones variables en función
del volumen de los materiales involucrados en el accidente,
por lo cual al estimar las consecuencias de este tipo de accidentes
en actividades altamente riesgosas en las que puedan ocurrir,
se requiere determinar la dimensión de las zonas intermedias
de salvaguarda a establecer para proteger a la población.
Así
por ejemplo, la BLEVE de una esfera de 500 metros cúbicos
de propano provoca un riesgo de:
- Mortalidad
(1%) por quemaduras hasta 580 metros.
- Quemaduras
significativas hasta 680 metros.
En
San Juan Ixhuatepec, el accidente involucró una serie
de BLEVEs sucesivas que ocasionaron alrededor de 500 muertos
y más de mil desaparecidos.
También
han ocurrido BLEVEs por accidentes en el transporte de materiales
peligrosos, como sucedió en Saint-Amand-Les Eaux, Francia,
en 1973, cuando un camíón cargado de propano licuado
se volteó y provocó una bola de fuego que mató
a 6 bomberos e hirió a 37 personas, o como sucedió
en 1978 en los Alfaques, España, en donde una explosión
de un camión que se accidentó y cargaba propileno
licuado bajo presión, causó 216 muertes y centenas
de heridos.
También
pueden ocurrir bolas de fuego con proyección de los productos
encendidos por el fenómeno denominado BOIL OVER, se calcula
que en el caso de la explosión de un recipiente conteniendo
20 000 metros cúbicos de combustible puede haber dos
zonas de afectación, la primera de 100 metros en donde
ocurren los efectos mortales y la segunda a 110 metros en donde
se producen daños y heridas significativas.
Ejemplo
de lo anterior es lo sucedido en Nápoles, Italia, en
diciembre 1985, en donde un depósito de combustible fue
consumido por un incendio seguido por la explosión del
contenedor. El depósito de combustible se encontraba
en un área densamente urbanizada, destruyó por
completo una casa vecina, mató a cuatro personas, hirió
a 140 y requirió la evacuación de 2 000 personas.
Consecuencias
del escape de gases tóxicos: Los riesgos de un
accidente mayor en el que se liberen concentraciones elevadas
de sustancias tóxicas, guardan relación con una
exposición aguda durante e inmediatamente después
del accidente, más que con una exposición de larga
duración.
La
magnitud de los efectos de la exposición a nubes tóxicas,
depende de las concentraciones que alcancen las sustancias presentes
en ellas y de la duración de la exposición. Por
ejemplo el cloro puede ser letal en concentraciones de 100 a
150 partes por millón (ppm) con exposiciones de 5 a 10
minutos; pero períodos más cortos de exposición
a 1000 ppm también pueden ser letales. Dos sucesos de
esta índole, ampliamente difundidos por la prensa mundial,
son los accidentes ocurridos en Seveso, Italia y en Bophal,
India, en 1976 y 1984, respectivamente, que se describirán
más adelante.
- Efectos
de las sustancias tóxicas en el ambiente y los ecosistemas
Además
de afectar la salud humana, las emisiones de sustancias tóxicas
pueden también causar daños a los ecosistemas,
en particular cuando éstos comprenden especies más
susceptibles que los seres humanos a los efectos tóxicos
de dichas sustancias (ejemplo de lo anterior es el accidente
por emisión de dioxinas en Seveso que causó una
gran mortandad de animales, más no de humanos).
El
daño a los ecosistemas puede, a su vez, repercutir en
el bienestar de los seres humanos, al deteriorar los servicios
ambientales que éstos pueden brindar para sustentar
la vida humana, en especial los que se relacionan con la purificación
del agua y el aire, el control de inundaciones, el ciclo de
nutrientes, la formación del suelo y la estabilización
del clima.
Además
de los efectos agudos de un accidente, puede haber otros que
se manifiesten con posterioridad, y a los cuales se denomina efectos encadenados. Desde esta perspectiva, la persistencia
y capacidad de bioacumulación de las sustancias tóxicas,
son de particular importancia para los ecosistemas. La solubilidad
en agua de las sustancias emitidas constituye, entre otros,
un riesgo para los ecosistemas acuáticos si dichas sustancias
se depositan en cuerpos de agua, en tanto que su volatilidad
traerá consigo el aumento de su concentración
en la atmósfera y la exposición a través
de esa ruta.
Una
sustancia tóxica liberada al ambiente puede ser transportada
a través de algún medio (suelo, agua subterránea,
agua superficial, sedimentos, aire y cadenas alimentarias) y
tener contacto con organismos vivos que pueden llegar a sufrir
alteraciones de exponerse a elevadas concentraciones de ella.
Debe
tenerse en cuenta, sin embargo, que la capacidad toxicológica
de las sustancias puede reducirse o eliminarse al romperse los
enlaces de sus moléculas por la acción de la luz
(fotólisis), descomponerse por la acción del agua
(hidrólisis), transformarse por la acción del
oxígeno (oxidación) y otra serie de mecanismos.
Además
de lo anterior, también puede reducirse la biodisponibilidad
de las sustancias tóxicas, por la acción de distintos
factores ambientales tales como la temperatura, salinidad, acidez
o alcalinidad y presencia de materia orgánica en la que
puedan quedar retenidas (adsorbidas). En particular, los suelos
y sedimentos pueden constituirse en verdaderos sumideros de sustancias tóxicas amortiguando su capacidad de ocasionar
efectos adversos en los ecosistemas.
Desde
la perspectiva ecológica y de salud humana, interesa
determinar la magnitud de la exposición de especies que
forman parte de cadenas alimentarias, por su potencial de afectación
de los consumidores y la posibilidad de que se produzcan fenómenos
de biotransformación, bioacumulación y biomagnificación;
lo cual sucede en particular con las sustancias orgánicas
afines a las grasas (como las dioxinas emitidas en el accidente
de Seveso) y con los metales pesados (como sucedió en
la Bahía de Minamata, Japón, en donde el mercurio
inorgánico descargado al agua por una industria, fue
biotransformado en metilmercurio y bioacumulado en peces, cuya
ingestión ocasionó un episodio de intoxicación
humana).
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En
este contexto, el riesgo ecológico se define
como la probabilidad de que ocurran efectos adversos
en la salud humana, en la integridad del ambiente y
de los ecosistemas, no sólo por aumento de la
mortandad de la población afectada, sino por
la disminución de su calidad de vida y alteración
del equilibrio natural existente.
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Un
aspecto que hay que tener en cuenta, es que impactos obvios
a nivel de especies pueden no tener efectos medibles a nivel
del funcionamiento de los ecosistemas, por lo cual los ecotoxicólogos
tratan de cuantificar la presión que se ejerce
sobre los ecosistemas, a través de determinar las relaciones
entre la concentración de una sustancia y sus efectos in situ sobre organismos indicadores de los cuales dependen
muchas otras especies.
Especial
énfasis se está poniendo en desarrollar métodos
para medir la pérdida de la capacidad de recuperación
de la integridad de los ecosistemas y en estimar los costos
sociales y económicos resultantes. Ejemplo de ello, son
los estudios en lagos contaminados en los que se determina el
impedimento para hacer un uso humano benéfico o para
aprovechar sus recursos bióticos, en función de
la calidad y cantidad de sus especies acuáticas.
Es
evidente que un enfoque ecosistémico requiere
de la intervención de múltiples disciplinas, para
poder evaluar la diversidad de impactos que pueden ocasionar
las sustancias químicas peligrosas.